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Prepárate para odiar a los estibadores

14/2/17

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Por Isaac Rosa.


Isaac Rosa
Cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos.

Hacía ya tiempo que no teníamos un colectivo de trabajadores al que odiar con todas nuestras fuerzas y poder gritarles "¡privilegiados!". Hemos odiado a funcionarios (¡parásitos!), mineros (¡subvencionados!), profesores (¡vagos, todo el día de vacaciones!), y por supuesto a los más odiables de entre los odiosos: los controladores aéreos, que tan buenos ratitos de odio nos dieron un verano.

Pero estamos de enhorabuena, porque en los próximos días nos van a echar un nuevo hueso: los estibadores de puerto. No sabíamos nada de ellos hasta ahora, solo que son los que cargan y descargan barcos; pero resulta que también son unos privilegiados. Ahora el Gobierno prepara un decreto para liberalizar la actividad, y los trabajadores están dispuestos a ir a la huelga para defender sus derechos. Perdón, quiero decir que "los privilegiados están dispuestos a chantajearnos para defender sus privilegios".

La secuencia es la habitual, la hemos visto muchas veces:

1.- Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2.- Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque "lo manda Europa", y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3.- Señalamos a los trabajadores como "privilegiados", "restos de un modelo anacrónico" (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto "aristocracia sindical".

4.- Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5.- Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6.- Acusamos a los huelguistas de dañar un "sector estratégico".

7.- Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

Además, hay que asegurarse de que los representantes sindicales no tengan voz, que ya sabemos lo manipuladores que son: si les dejamos, dirán que lo suyo no son privilegios sino derechos ganados en décadas de lucha, que la suya es una profesión especialmente dura y con alta siniestralidad, que hay otras opciones para cumplir con Europa, que los puertos son rentables y lo único que buscan gobierno y patronal es abaratar costes laborales (rebaja salarial ¡del 60%!, más horas de trabajo, flexibilidad laboral…).

Nada, ni caso. No escuchen a los trabajadores, que son capaces de convencernos. Yo ayer lo hice, atendí a sus razones, y me entraron dudas: a ver si van a tener razón… A ver si en realidad no son unos privilegiados… A ver si es que el único "privilegio" que tienen (el mismo "privilegio" que controladores, mineros o funcionarios; el mismo "privilegio" que hemos perdido la mayoría; el que les quieren quitar) es el "privilegio" de ser capaces de defender sus derechos, de tener conciencia de clase, organización y capacidad de lucha.

Tantas dudas me entraron que miré a ver qué sindicato es ese de los estibadores y descubrí que tiene unos principios que no parecen los propios de una mafia ni de una aristocracia insolidaria: una coordinadora que se define de clase, democrática, asamblearia, internacionalista y que defiende la solidaridad con toda la clase trabajadora (como demuestra su participación en sucesivas huelgas generales).

Uf, me ablandé, lo reconozco. Empecé a pensar que deberíamos apoyar la lucha de los estibadores. No por ellos, sino por nosotros: porque cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos. No ganamos nada y, a cambio, perdemos espacios de organización sindical que todavía resisten y que sirven como ejemplo.

Nada, un día tonto, en seguida se me pasa. En cuanto vea dos telediarios recordándome el sueldazo de los estibadores me sumaré otra vez al pelotón de odiadores. Hacedme sitio, que voy.


Publicado o 09/02/2017 en www.eldiario.es

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El sindicato ha muerto, viva el sindicato

14/10/16

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Por Isaac Rosa.


Isaac Rosa
Les juro que yo creía que las habitaciones de hotel se limpiaban solas: que tenían un mecanismo de autolimpieza por el que uno salía por la mañana, y al volver a mediodía se encontraba la cama hecha, las toallas cambiadas, la ropa doblada, la moqueta aspirada y un caramelito en la almohada. Y resulta que no, que son miles de trabajadoras las que lo hacen, supongo que entrando y saliendo por las rejillas del aire o alguna puerta secreta, porque de otra forma no me explico su invisibilidad absoluta.


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Volkswagen es una excepción, el capitalismo no es así

27/9/15

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Por Isaac Rosa.


Tranquilos, el fraude de Volkswagen es una excepción, no es la norma. Que nadie corra a sospechar de la industria automovilística, ni de las empresas alemanas, ni de las multinacionales en general. Ni por supuesto del capitalismo globalizado versión 2.1. Es la excepción, no la norma.

La norma es que las empresas respetan la ley, no engañan, no defraudan. Y cuanto más grande la empresa, más respeto, menos engaño. La mayoría de multinacionales asume su “responsabilidad social corporativa”, y muestra su compromiso con la sociedad, el medio ambiente o la infancia mediante generosas donaciones y proyectos. La propia Volkswagen lo hace.

La norma es que el capitalismo respeta leyes y regulaciones, aunque poca falta hacen, ya que podría regularse solo, mediante la mano invisible del mercado. La norma es que la búsqueda del máximo beneficio a toda costa no necesariamente exige hacer trampas.


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El listón de Ahora Madrid

16/6/15

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Por Isaac Rosa.


Llegó el primer ataque contra Ahora Madrid, ese que llevan semanas esperando… pero para el que nadie estaba preparado.

Desde hace semanas, vengo oyendo a miembros de Ahora Madrid anticipando lo que se les venía encima tras el 24M: “Vendrán a por nosotros con toda la artillería”, “La cacería será implacable”, “No nos van a dar tregua”, “Hay que prepararse para lo peor”… Según decían, no les iba a salir gratis su pretensión de transformar nada menos que la capital de España. Iba a ser la guerra. Sucia, por supuesto.


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Si los trabajadores de Movistar pueden, ¿por qué nosotros no?

1/5/15

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Por Isaac Rosa.


Como es Primero de Mayo, un, dos, tres, responda otra vez: tú, trabajador, trabajadora, ¿por qué no luchas por tus derechos? “Soy precario, si protesto me despiden o no me renuevan”. “Necesito este sueldo de mierda, no puedo arriesgarme a que me echen”. "Con lo que me ha costado encontrar trabajo, y todo el paro que hay, calla, calla". “Hay muy poca solidaridad, siempre habrá alguien que haga tu trabajo si decides plantarte”. “Los sindicatos ya no sirven para nada”. “Las huelgas son cosa del pasado”. “A mí que me cuentas, yo soy autónomo, bastante tengo con lo mío”.


Así es. Muchos hemos asumido que la lucha obrera, el sindicalismo, la solidaridad, la protesta, la negociación o la huelga son cosas del pasado, un lujo que ya muy pocos trabajadores pueden permitirse.


Hasta que aparecen los técnicos de Telefónica-Movistar, y nos rompen los esquemas. Trabajadores que están mal, muy mal, peor que la mayoría de nosotros. Trabajadores que tienen todo en contra: sin vínculo con la empresa, trabajando no ya para contratas, sino para subcontratas de las propias contratas, forzados además a ser autónomos. Ve y háblales de precariedad a ellos, contratados por horas, trabajando muchas más de las que cobran, sin descanso. Ve y háblales de salarios de miseria a ellos, que encima de cobrar poco están sometidos a penalizaciones, y obligados a pagarse vehículo, gasolina, uniforme y hasta herramientas. Ve y háblales de solidaridad y sindicalismo a un colectivo de miles pero atomizados en innumerables subcontratas. Por si fuera poco, tienen enfrente a una de las multinacionales más poderosas de España.


Y sin embargo, se han plantado. Están luchando por sus derechos. Se han organizado en sindicatos. Sí, sindicatos. Han recurrido a la huelga, esa que creíamos que ya no valía. Nada menos que una huelga indefinida. Han creado cajas de resistencia. Y han encontrado solidaridad, en otros trabajadores de Movistar, pero también en el resto de la sociedad.


¿Por qué los trabajadores de Movistar pueden y nosotros no? ¿No quedamos en que la lucha, la huelga, el sindicalismo, la solidaridad, eran un lujo al alcance de una menguante aristocracia trabajadora? ¿Por qué las luchas más radicales de los últimos años las están protagonizando precisamente aquellos trabajadores que en peores condiciones están para defender sus derechos? ¿Es porque ya no tienen nada que perder, porque han caído tanto que solo les quedaba alzarse? ¿O quizás deberíamos revisar nuestras convicciones?


Hoy son los de Movistar, ayer los de Coca-Cola (que mantienen el pulso mientras la empresa no cumpla la sentencia), dentro de unas semanas los trabajadores derecogida de basura en Madrid. Son ráfagas, esporádicas, pero suficientes para iluminar y hacernos ver que sigue siendo cierto el viejo lema: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y tal vez hemos abandonado antes de tiempo.


Mucha fuerza, ánimo y suerte a los trabajadores de Movistar en huelga. Y nosotros, a presionar como clientes a Movistar, difundir su lucha y llenarles la caja de resistencia.



Publicado o 30/04/2015 en www.eldiario.es

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Los experimentos, con yogur (griego)

27/1/15

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Por Isaac Rosa.


Igual que se recomienda hacer los experimentos con gaseosa y no con un buen vino, en Europa decidimos hacer las pruebas con yogur griego, antes que echar a perder otros manjares más apreciados. Llevamos años oyendo que Grecia era el laboratorio europeo, y así ha sido. Un país pequeño, cuyo peso económico es insignificante para Europa. Un lugar inmejorable para estudiar los efectos de nuevas políticas.

Fue en Grecia donde probamos el primer rescate europeo hace cinco años. El desastroso programa de ayuda griego sirvió para corregir errores en los siguientes rescates de Irlanda, Portugal y el bancario de España. Casi nos cargamos a toda la población de cobayas, pero su sacrificio nos permitió tratar un poco mejor a los que rescatamos después.


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