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O funcionariado: unha lexión de preguiceiros enchufados

8/4/18

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Por Laureano Araujo

Ao contrario do que sucede no noso país –e, en xeral, nas democracias–, en Alemaña os funcionarios non teñen dereito á negociación colectiva e á folga. Este anacronismo é unha vella tradición baseada sobre a necesidade de que o Estado funcione de maneira fiábel en todo momento, mesmo en situacións de crise. Pero como se conseguen limitar así os dereitos de todo un colectivo profesional?

É posíbel que, tanto en Alemaña como aquí, o deporte rei non sexa o fútbol, senón mallar no funcionariado. O que máis nos irrita é que os servidores públicos gocen nada menos que da prerrogativa da estabilidade laboral. Non reparamos en que, reproducindo esta crítica alegremente espallada polos medios mainstream, non só estamos a asumir os postulados nucleares do neoliberalismo –esa “flexibilidade”, esas suculentas privatizacións!–, senón que descoñecemos a dimensión propiamente revolucionaria da inamobilidade. Porque impedirmos que os políticos poidan afastar a discreción os funcionarios dos seus postos significa garantirmos xuridicamente que os empregados públicos actúan só con suxeición á legalidade e en defensa do interese xeral. Con outras palabras: unicamente pode ser independente, imparcial e íntegro o funcionario inamovíbel. O modelo alternativo (e moito máis caro) é o da privatización, que coloca os traballadores nunha situación de sometemento. Por iso o Goberno de España aproveitou os anos da crise para conxelar a oferta de emprego público, mentres a externalización de servizos por parte das administracións non sufriu limitación ningunha. Decenas de miles de postos de traballo que deberían ser ocupados por funcionarios son hoxe desempeñados por traballadores da empresa privada, mesmo en sectores como o ensino, a sanidade ou os servizos sociais, onde a precariedade e a docilidade, obviamente, aumentaron.

As campañas de desprestixio contra o funcionariado ignoran adrede algúns feitos rechamantes. Por exemplo, que en España hai moitos menos empregados públicos que na media da OCDE, e que os dous países onde máis hai son Dinamarca e Noruega, que están entre eses aos cales tanto aspiramos a nos parecer; que os administrativos, os sanitarios, os docentes, os traballadores sociais, os policías e os xuíces ocupan os seus postos de traballo tras superaren uns procesos de selección nos cales tiveron que acreditar os seus méritos e a súa capacidade (aínda que tamén no acceso á función pública existen condicionantes socioeconómicos que fan necesario un sistema de axudas á preparación das oposicións); que o poder adquisitivo deste persoal cualificado é en xeral modesto (e baixou moitísimo nos últimos anos); e que é nas administracións públicas onde as carreiras profesionais de certo interese non están reservadas ás clases privilexiadas e onde máis igualdade de trato laboral hai entre mulleres e homes.

En Alemaña, o Estado restrinxe gravisimamente os dereitos do funcionariado. Non o fai á lixeira, por suposto: hai argumentos técnicos serios, por discutíbeis que sexan. Pero que algo tan chocante sexa politicamente viábel ten unha explicación. Só hai que observar con que lixeireza valoramos estes empregados. Teñamos presente esta irresponsabilidade, por exemplo, a próxima vez que nos escangallemos de risa cos retratos que o xenial Forges fixo dos servidores públicos, eses lacazáns parasitarios.


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Llarena como Einstein

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Por Elisa Beni.


Aquí tenemos a la Justicia española bicicleteando o, lo que es lo mismo, pedaleando alocada como si se le hubiera roto la cadena y todo esfuerzo fuera vano excepto el de intentar mantener el equilibrio. Llarena bicicletea, es decir, nos entretiene con evasivas, excusas y pretextos para alargar la solución de un asunto y, en este caso, para reconocer que su instrucción ha recibido tal revés que debería reconsiderar todo el proceso y como primera medida poner en libertad a los encausados.

Si los hechos relatados en su auto no contienen la violencia necesaria o la intensidad de violencia o el tipo de violencia, o desígnenlo como prefieran, para condenar a nadie en Alemania, tampoco lo tienen para condenar a nadie y menos a 30 añazos de prisión en España. Es lo que tiene ser europeo, que los parámetros de respuesta democrática han de ser homologables. La OEDE era “un papel sospechoso que ha provocado dolor de estómago a los jueces alemanes”, según Heribert Prantl, reputado jurista y redactor jefe de Süddeutsche Zeitung y uno de los editorialistas más respetados y citados de Alemania. Vendrán los mismos retortijones para los belgas y los británicos. Tales gastritis están tan extendidas que también las sufren el 85% de los cátedros y profesores de Derecho Penal españoles y, me van a perdonar, muchos magistrados sensatos que se callan y sufren en el silencio de los mensajes privados.

Debería Llarena, y los que le inspiran, reflexionar sobre ese órdago que ha sido una torpeza jurídica y que les ha situado en una situación insostenible. Claro que Llarena, y los finos juristas que le inspiran, y que piensan que lo son tanto que pueden vestir bien cualquier propuesta dado que su técnica alcanza para hacerlo, se aproximan en su actitud a las posiciones de Einstein. Ya saben, el padre de la teoría de la relatividad dejó dicho que la vida es como una bicicleta en la que hay que pedalear siempre hacia adelante para no perder el equilibrio. Quede claro que la semejanza tiene que ver con la huída hacia adelante y no con la relatividad, porque algún malvado querrá ver el guiño.

Bicicleteando han llegado al despropósito de anunciar la presentación de una cuestión prejudicial frente al Tribunal Europeo de Justicia. Les va a ser fácil comprender por qué es un delirio y más difícil entender cómo unos juristas hechos y derechos se han metido de hoz y coz en esta vía imposible, aunque también intentaré aclarárselo. Verán que lo que Llarena -que según los que le vieron estaba como poco tensito y como mucho histérico el viernes- anuncia a través de los medios es una cuestión POSTjudicial y no PREjudicial dado que la resolución alemana ya está tomada.

Por otra parte, tal cuestión está prevista para que un juez pida aclaración sobre la forma de aplicar las normas de la Unión a SU asunto que todavía NO ha fallado. Héteme aquí que, bicicleteando, Llarena quiere pedir al TJUE que se pronuncie a posteriori sobre un procedimiento que no es suyo sino de unos jueces alemanes. Es delirante. Tan extravagante resulta que en su nota de semiapoyo, la Fiscalía General del Estado nos decía el viernes que “estudiará la eventual posibilidad” de apoyar tal cosa. ¿Han visto más palabras de incertidumbre en el mismo sintagma? Estudiar no es hacer. Eventual es no seguro. Posibilidad, es una disposición para hacer o no algo. Vamos, que lo tienen super claro como verán. Tampoco la Fiscalía tiene mucho margen de acción. Recuerden que ya intentó reconducir las cosas pidiendo la libertad con fianza de Forn o alegando que no se podía reclamar o no reclamar a voluntad y recibió un desprecio por respuesta.

Tras el noqueo producido por la respuesta jurídica alemana que, Dios sabe por qué, no habían previsto, el viernes todo era un revuelo. Las reuniones de Marchena, las reuniones de los fiscales del caso, las llamadas de aquí y de allá. Un terremoto. ¿Y a qué tanta prisa para estudiar la situación jurídica creada? Para replantear sus actuaciones en verdad tenían tiempo. Lo que no daba tanta tregua era la situación política y de opinión pública. Las huestes estaban aplanadas, el Gobierno en shock, y los más no entendían nada. Es lo que tiene falsear las expectativas. Creo que lo que se buscaba a toda costa el viernes era un relato. Algo que ofrecer. Una esperanza que dar para que no decaiga. Bicicletear, en suma. Así que supongo que en alguna tormenta de ideas, ante el callejón sin salida, en lugar de proponerse reconsiderar en términos jurídicos lo que están haciendo, eso ni se plantea, alguien sugirió: “pues usemos la cuestión prejudicial como una especie de recurso y así ganamos tiempo”. Entiendo que, a falta de nada más, recogieron el guante, pero hay que estar muy desesperado para plantear algo así. Si se presenta, que yo lo dudo, les van a mandar a paseo como poco y el berenjenal fangoso en el que van a dejar el procedimiento y el bochorno internacional no va a tener parangón en los anales de la historia penal española.Eso sí, oiga, han conseguido un relato para mantener entretenida la fiesta de todo aquel que no sabe mínimamente de qué va esto o del que está deseando creer lo que le den. Sucede que esa no es su misión. Es lo que tiene.

Lo que está haciendo el instructor no es homologable por los viejos estados democráticos porque supone adobar unos hechos para encajarlos en un tipo penal sin que sea éste adecuado para recibirlos. Los jueces alemanes le han aceptado el relato de hechos, es decir no juzgan siquiera si se han producido o no y los dan por buenos, en eso estriba la confianza entre estados, y aún dándolos por digamos probados tienen meridianamente claro que no son delictivos. Lo mismito que opinan todos los juristas que no dejan que les posea un elemento emocional o mesiánico. Y eso lo han determinado los alemanes hasta con una traducción bastante curiosa enviada por España de la que han desaparecido frases como esa de la página 56 del auto de procesamiento en la que el juez se mete como parte: "Y termina el relato de la estrategia que SUFRIMOS" que se ha mudado en alemán a “finalizando el relato”. Los defensores, que hablan alemán y no tragan, han encargado una nueva traducción jurada.

Todo esto tendrá consecuencias más allá del enturbiamiento procesal y de derechos a que están sometiendo al procedimiento. Cuesta contemplar la dilución escénica de partidos como el socialista que, consciente de su deber de apoyar el 155, no debería sin embargo tener complejos para hacer visible el descrédito al que se está conduciendo al sistema judicial español a ojos de toda Europa. También se corre el riesgo, ya puesto en marcha por algunos medios secuaces, de alentar un sentimiento antieuropeo que puede resultar algo más que peligroso sólo para salvar los trastos y colocar un relato en las escaletas.

No sé avanzarles hasta dónde puede llegar el destrozo, pero parece claro que la esperanza para enmendar este despropósito reside en Europa y que de allí llegaran muchas novedades muy pronto.


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¿Error Puigdemont o error Junqueras?

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Por Javier Pérez Royo.


Oriol Junqueras decidió no huir de la justicia y someterse a la jurisdicción del Tribunal Supremo. Lleva más de cinco meses en la cárcel por un delito que no ha cometido, que solo existe en la imaginación del Juez Pablo Llarena.

Carles Puigdemont decidió exiliarse y no someterse a la justicia española. Ello le ha permitido defenderse primero ante la justicia belga y después ante la justicia alemana y ante ambas con éxito. Al juez belga no se le dio la oportunidad de que se pronunciara acerca de la euroorden emitida por la Jueza Carmen Lamela, porque el Juez Pablo Llarena decidió retirarla, pero el juez alemán sí ha tenido la oportunidad de pronunciarse sobre la euroorden dictada por el Juez Instructor del Tribunal Supremo con el resultado que los lectores ya conocen.

La estrategia de Oriol Junqueras ha sido completamente estéril. Esta maniatado y sometido a la humillación de un Juez que está vulnerando sus derechos fundamentales con la seguridad que tiene de que sus compañeros del Tribunal Supremo van a cerrar filas con él y de que el Tribunal Constitucional, cuando le llegue un recurso, mirará para otro lado.

La estrategia de Puigdemont, por el contrario, ha servido para poner en evidencia al Gobierno y a los Tribunales españoles. La decisión del Presidente del Gobierno de no abordar políticamente el problema de la integración de Catalunya en el Estado y delegar en los Tribunales la respuesta al mismo, se ha traducido en que la Justicia europea vea a los Tribunales españoles no como órganos de administración de justicia, sino como instrumentos de la acción política del Gobierno, que hace uso de los mismos para la persecución penal de los adversarios políticos.

Y la justicia europea, la belga primero, la alemana después y después vendrá la escocesa y la suiza, están considerando que los Tribunales españoles están haciendo política y no administrando justicia, porque exactamente eso es lo que está ocurriendo. La Audiencia Nacional se está comportando, en lo que a la represión del nacionalismo catalán se refiere, como si fuera el Tribunal de Orden Público del Régimen del General Franco. Y el Tribunal Supremo, exactamente igual. El Tribunal Constitucional entonces no existía. Ahora, como si no existiese.

El Gobierno de Mariano Rajoy se ha retratado con la utilización de la Fiscalía General del Estado para perseguir penalmente por delito de rebelión a los exmiembros del Govern y de la Mesa del Parlament y a los expresidentes de dos entidades cívicas con una larguísima trayectoria de activismo pacífico, como son ANC y ÓMNIUM. La Audiencia Nacional primero y el Tribunal Supremo después también lo han hecho al hacer suya la calificación jurídica de la conducta de los políticos nacionalistas catalanes por parte del Fiscal General.

La sincronización de la acción del Gobierno activando el 155 CE, del Fiscal General del Estado activando al día siguiente la querella por rebelión ante la Audiencia Nacional contra los ex miembros del Govern y ante el Tribunal Supremo contra los exmiembos de la Mesa del Parlament y la admisión a trámite de dicha querella con la adopción de las más graves medidas cautelares contra los querellados tiene toda la apariencia de una operación política disfrazada como operación judicial. Y la justicia no solo tiene que hacerse, sino también que parecer que se hace. La apariencia de administración de justicia es constitutiva del derecho a la tutela judicial efectiva.

La Fiscalía General del Estado, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo han aceptado actuar como instrumentos del Gobierno para perseguir penalmente una opción política. Esto es lo que significa la querella por el delito de rebelión, que carece de explicación jurídica en cualquier democracia europea a estas alturas del siglo XXI. Por eso ha sido rechazada la euroorden.

La Fiscalía General del Estado, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo se están comportando no como los órganos de Administración de Justicia de un Estado social y democrático de Derecho, sino como lo que eran en el Régimen de las Leyes Fundamentales. Entonces no había derechos fundamentales. Ahora parece que tampoco los hay.

¿Con qué interpretación de los artículos 25, 24, 17 y 23 de la Constitución se puede justificar la instrucción de la conducta de los nacionalistas catalanes como constitutiva del delito de rebelión, se los puede mantener en prisión y se puede impedir la celebración de la sesión de investidura?

Contra toda esta cadena de vulneración de derechos fundamentales Puigdemont está pudiendo defenderse, mientras que Oriol Junqueras no. Es Carles Puigdemont con su conducta “rebelde” frente a la “Justicia Política” española el que está haciendo un servicio a la democracia. En Catalunya y en España.

Que huir de la justicia sea la mejor estrategia para defender la democracia. A este nivel de degradación nos ha llevado la negativa de Mariano Rajoy a enfrentarse con sus responsabilidades políticas para dar respuesta a la integración de Catalunya en el Estado.


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Manual para hacer el ridículo

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Por Juan Carlos Escudier.


Han tenido que venir tres jueces alemanes a mostrarnos aquello de que la ley ha de ser el cauce sobre el que discurren los hechos, y que modificarlos a capricho arruina cualquier expectativa de justicia. Lo que ha dictaminado la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein al declarar inadmisible el delito de rebelión por el que el Tribunal Supremo pedía la extradición de Puigdemont es la aplicación práctica de aquella memorable frase de Rajoy según la cual un plato es un plato y un vaso es un vaso. Así, la violencia es violencia, pero sólo cuando se produce y no cuando se supone, cuando es una realidad y no una conjetura, cuando puede constatarse y no solo imaginarse en una larga noche de insomnio.

Durante meses se han aplaudido decisiones incomprensibles que han pasado por encima del Código Penal y del sentido común, y que han diseñado una Justicia a la carta incompatible con la esencia misma de la democracia. Como se ha dicho aquí en alguna ocasión no sólo se ha destripado a Montesquieu, que el pobre ya estaba habituado al ensañamiento, sino que además se ha resucitado a Kafka.

Fruto de este delirio, se han llegado a impugnar actos que no se habían producido, como la eventual investidura de Puigdemont, obligando al Tribunal Constitucional a un malabarismo circense para que ninguna pelotita cayera al suelo. Y se ha permitido que un magistrado del Tribunal Supremo se arrogara poderes excepcionales que han dejado en sus manos no sólo prolongar la prisión preventiva de unos encausados con criterios hartamente discutibles sino también la supuesta defensa del orden legal que rige la actividad de un Parlamento legalmente constituido. Resolver quién puede o no delegar el voto, forzar –o intentarlo hasta conseguirlo- la renuncia al escaño de exconsellers y diputados, y decidir por la vía de los hechos quién debía o no ocupar la presidencia de la Generalitat sugieren extralimitaciones palmarias de su mera función jurisdiccional.

De la Justicia, reconvertida en Derecho preventivo, se ha pasado a la estratagema, a Maquiavelo. Ello determinó primero la retirada de la orden europea de detención contra Puigdemont cuando se refugió en Bruselas, ante la certeza de que la Justicia belga no aceptaría su entrega por los delitos que se le acusa en España; luego la renuncia a plantearla en Dinamarca con el argumento surrealista de que pretendía ser detenido y lo inteligente era que no se saliera con la suya. Finalmente, se forzó su salida apresurada de Finlandia para poder apresarle en Alemania, en la confianza de que allí sí se comprenderían las razones de Estado y los jueces germanos aceptarían pulpo como animal de compañía.

Todo ello porque la acusación de sedición parecía poca cosa y ya puestos en harina y metidos en gastos se hacía necesario un castigo ejemplar, una respuesta patriótica a la afrenta que era lo que proporcionaba el delito de rebelión, aunque para ello fuera necesario dejar volar la imaginación y construir un alzamiento violento donde sólo hubo una manifestación, una alteración del orden público y daños a dos vehículos policiales.

Lo que ha puesto de manifiesto la decisión de los magistrados alemanes y de sus colegas belgas es que el pretendido armazón jurídico que sustentaba la causa contra el procés era poco menos que una excentricidad que no resiste la prueba del algodón de la Justicia europea, que no tiene parangón en ningún ordenamiento jurídico serio y que provocará más de un sonrojo cuando el asunto llegue al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y sentencie que se han vulnerado derechos políticos y presunciones de inocencia de quienes aún no han sido condenados y a los que preventivamente se ha inhabilitado.

Se llega así a la paradoja de que el supuesto cabecilla del “golpe de Estado” sólo podrá –y está por ver- ser juzgado por malversación y los presuntos cooperadores, necesarios o no, tendrán que enfrentarse a cargos muchos más graves. De ahí que esas lúcidas y togadas mentes del Supremo estudien ya cómo convertir la malversación en malversación agravada para elevar así la pena o, en su defecto, volver a retirar la euroorden de detención para que el ridículo sea ya planetario.


Publicado en www.publico.es

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El ministro Bakalá

3/3/17

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Por Antón Losada.


Antón Losada
Rafael Catalá es el ministro Bakalá, siempre acelerado y pasado de vueltas. A su lado Ruiz-Gallardón empieza a parecer un tipo discreto y solvente.


Quién nos lo iba a decir, que acabaríamos echando de menos a Ruiz-Gallardón como Ministro de Justicia. El gris y discreto burócrata que le sustituyó, Rafael Catalá, se ha revelado como un aspirante a estrella de la política, con un hambre insaciable de titulares y micrófono, una atracción incontenible por las luces y los brillos de las cámaras y una oscura voluntad de retorcer el Estado de derecho hasta volverlo completamente del revés; es el ministro Bakalá, siempre acelerado y pasado de vueltas. A su lado Gallardón empieza a parecer un tipo discreto y solvente, consciente de qué puede y no puede hacer o decir un ministro de Justicia del Reino de España.

El ministro Bakalá no dirige un ministerio. Más bien parece que presidiera un bufete de abogados con un único cliente, el Partido Popular, y que además cobrase por objetivos. Sea para terciar en alguna polémica política amenazando con judicializarla, sea para proteger a algún imputado acosando al juez de instrucción, sea para dar cobertura a algún caso de corrupción diseminando la sospecha sobre los investigadores mientras expresa su afecto hacia el presunto corrupto; el ministro Bakalá siempre tiene una declaración a punto para intentar poner a todo el mundo en posición de saludo.

La pregunta no es cuándo el ministro hace o dice algo que no debiera, sino cuándo no lo hace. Un día pronuncia una amenaza velada o, en el caso de Catalunya, muy explícita contra el discrepante o quien ose llevar la contraria al infalible criterio del Papa Rajoy. Otro día le toca señalar o poner en duda el trabajo de algún fiscal o algún juez que ande metiendo las narices donde no debería. Al siguiente se aplica a dar órdenes a la Fiscalía para que persiga a quien debe y deje en paz a los compañeros de partido, con quienes se encuentra casualmente después de haberles llamado por teléfono y citarse con ellos para verse y hablar de lo suyo. Los malpensados que sospechan que se reunió con el presidente de Murcia para explicarle cómo se iban a arreglar sus imputaciones en la Fiscalía se equivocan de plano y atentan gravemente contra la presunción de inocencia. Quedaron para que el ministro moviera los hilos y se volviera a poner en TVE aquel mítico especial que anunciaba la llegada de la primavera: "Murcia, qué hermosa eres".

Las palabras, incluso las imprudencias y excesos del ministro Bakalá, se las lleva el viento, aunque se suban a YouTube. El problema que nos queda son sus decisiones. Tras aprobar una reforma legal que impone un cronómetro a la Justicia para que los casos de corrupción caduquen lo antes posible, como los yogures, todas las noticias nos avisan que se dispone a ejecutar una purga en la Fiscalía para poner al mando sólo a los fiscales de estricta observancia y disposición natural a obedecer órdenes. No se trata de una metáfora ni una imagen. Es una purga estalinista de verdad, de esas que se hacen cuando se busca eliminar a todos los críticos y, de paso, a todos los testigos.

Sumen la inminente purga en la Fiscalía a la policía política que sabemos que hay en el Ministerio del Interior, porque nos cuentan que están desarticulando la que había montado el ministro anterior, y seguro que no necesitan un dibujo para saber a qué cloaca nos lleva.


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Hazte escuchar

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Por Jesús Maraña.


Jesús Maraña
Para ser sincero, creo que la organización integrista y ultraconservadora Hazte Oír ha conseguido sobradamente el objetivo que pretendía al poner en circulación un spot-trampa del tamaño de un autobús. Ha logrado que se haga oír un ideario basado en un montón de falsedades, prejuicios y sentencias predemocráticas que suponen un atentado contra derechos básicos como la igualdad o la libertad sexual. Una vez concedido ese vomitivo éxito, ahora procede responder al ruido generado con datos y argumentos que permitan “escuchar” en lugar de “oír” y acabar de una vez con la irresistible “broma” desubvencionar con fondos públicos a organizaciones inquisitoriales con intereses exclusivamente privados.

No está en discusión el derecho a la libertad de expresión. Cada cual es libre de pensar y expresar (por ejemplo) que la identidad de género tiene una relación directa con los genitales, del mismo modo que alguien puede negar la evidencia del cambio climático o que la Tierra gira alrededor del sol. De hecho quienes defienden que un ser humano con testículos no puede ser mujer son los mismos que creen a pies juntillas que María engendró a Jesús sin dejar de ser virgen. Con su pan se lo coman. Pero páguense el pan. No es admisible calificar de “utilidad pública” una asociación dedicada al proselitismo de una ideología medievalista y contraria a los valores constitucionales. Sus donantes no deben tener derecho a desgravar un solo euro por apoyar acciones agresivas contra los fundamentos de la convivencia democrática.

No tiene sentido en nuestro sistema democrático castigar penalmente mensaje alguno, por disparatado u ofensivo que sea, salvo aquellos que inciten de manera clara y efectiva a cometer delitos concretos o vulneraciones de derechos. Como apuntaba laprofesora Ana Valero en estas mismas páginas, “sólo cuando la palabra suponga un peligro claro e inminente para las personas podremos decir que estamos en presencia del discurso del odio”. No pedimos “desmantelar la cúpula de Hazte Oír”, como a sus promotores (y a su amigo el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz) les gustaría claramente hacer con cualquier asociación de defensa de los derechos de lesbianas, homosexuales y transexuales. Combatiremos su discurso discriminatorio y ofensivo para la dignidad humana con el valor de la palabra y con la racionalidad. Lo que sí exigimos es que sus dislates dejen de ser sostenidos o facilitados por el erario público.

No cuela en este asunto la pretensión gubernamental de ponerse de perfil. Algunos portavoces del Ejecutivo y del PP se han distanciado incluso de Hazte Oír y su autobús, pero basta revisar la hemeroteca y el BOE para comprobar que llevan muchos años yendo de la mano en todas las campañas políticas y acciones judiciales promovidas contra los derechos básicos de igualdad de género o de libertad sexual. Si ahora, cuando han perdido la mayoría absoluta, han visto la luz del respeto al derecho al aborto, al matrimonio homosexual o a la libertad para cambiar de sexo, pueden demostrarlo fácilmente retirando a Hazte Oír esa “utilidad pública” de la que sacan un provecho crematístico a costa de la caja de todos.

El propio Ministerio de Educación debería poner al descubierto las falacias en las que basa su discurso esta organización ultraconservadora. Porque no es cierto que haya gobiernos autonómicos que promueven nada menos que la “conversión de individuos en homosexuales”, como también es falso que algunos libros citados por Hazte Oír sean de uso “obligatorio” en los colegios. Estiran la llamada posverdad (o prementira) para disimular lo que en realidad no aceptan: la obligación constitucional de enseñar en las escuelas, sean públicas o privadas, el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación, el pluralismo y, por tanto, el conocimiento de las distintas opciones de orientación e identidad sexual. Todo particular o colectivo que no acepta esos principios democráticos y constitucionales tiene derecho a discrepar, pero en ningún caso a negar la educación de sus hijos ni mucho menos ahacer proselitismo de la discriminación a costa del erario público.

Por último, resulta patético que la ruidosa provocación de Hazte Oír permita difuminar las gravísimas agresiones al funcionamiento democrático que se vienen produciendo en las últimas semanas. Si una amplísima mayoría escuchara más y oyera menos, hoy no podrían seguir en sus cargos ni el presidente de Murcia ni el fiscal general del Estado ni el ministro de Justicia. Sobran los motivos para denunciar que han quebrado un mimbre tan básico en democracia como la separación de poderes.


Publicado en www.infolibre.es

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¿Sueñan los periodistas deportivos con presidentes eléctricos?

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Por Xosé Manuel Pereiro.


Xosé Manuel Pereiro
Los avances tecnológicos determinan nuevas narratividades. El desarrollo de la radio a comienzos del siglo XX generó la retransmisión en directo. La combinación de los avances en la fiabilidad de los pronósticos meteorológicos y en la portabilidad de señales de televisión produjo a comienzos del XXI el advenimiento de un nuevo género informativo: el climatológico. En este caso, los montes parieron un ratón. Así, lo que al menos en toda la parte no mediterránea de la península toda la vida se conoció como “invierno” pasó a ser un fenómeno mediático bajo el nombre de “temporal”.

Este mes de febrero comenzó en la zona atlántica con un temporal en tres actos, o con una sesión conjunta de tres temporales. Fuese uno o trino, en Galicia dejó sin luz a 200.000 usuarios (es decir, viviendas, no personas) y no en esos sitios remotos donde la gente se ha empeñado en ir a vivir sin más razones aparentes que multiplicar exponencialmente el nomenclátor y encarecer la prestación de servicios públicos. Quedaron sin electricidad aldeas, pero también ciudades dormitorio, urbanizaciones residenciales y barrios de capitales de provincia. No es que fuese el apagón de Nueva York de 1977, pero también fue causa de más problemas que el de estar a oscuras. Los vientos llegaron a los 180 kilómetros por hora (la escala Beaufort solo llega a los 118 kilómetros, fuerza 12, a partir de ahí ya hablamos de huracanes). Además de violentos y huracanados, los vientos tuvieron la mala idea de llevarse parte de las respectivas cubiertas de los estadios de fútbol de Ferrol, A Coruña y Vigo. Los tres son municipales, y los correspondientes ayuntamientos decidieron cerrarlos por razones de seguridad. En aquella primera jornada de febrero daba la casualidad de que los respectivos equipos –Racing, Deportivo y Celta-- jugaban en casa, con lo que los también respectivos rivales –Palencia, Betis y Real Madrid-- se vieron en la tesitura de desandar lo andado. Pero el Real Madrid no es un respectivo cualquiera.

Mientras palentinos y béticos se volvían para casa resignados o no, pero sin armar escándalo, el rival del club vigués se mostraba dispuesto a arrostrar, como el Pony Express, el viento, la lluvia y las tormentas con tal de llevar a cabo su objetivo. Para algunos, una muestra de sano espíritu competitivo. O para otros, por qué desaprovechar la oportunidad de asegurarse la cabeza de la clasificación en la liga más desigual de Europa jugando contra un equipo de suplentes, que encima es el que te ha apeado de la Copa. Afortunadamente, para mediar entre tanto hooliganismo, ofrecer una información plural y hacer análisis desapasionados está el periodismo. Desgraciadamente, lo que hay o hace ruido es otra cosa: discusiones de bar de carretera reproducidas a voz en cuello en un plató, manolos del bombo que han sustituido el tambor por el micrófono.

Sin entrar ya en las opiniones de las redes sociales, esas que para algunos han venido a sustituir eficazmente a las paredes de los servicios públicos, el Celta, el estadio, las infraestructuras deportivas gallegas en general y sobre todo el alcalde de Vigo, Abel Caballero, fueron blanco (nunca mejor dicho) de todo tipo de invectivas por informadores que no sabían poner Vigo en el mapa, pero se revelaban como expertos en techumbres y forjados. Ellos, y el propio club madridista en un comunicado, llegaron a proponer una brillante solución: arreglar la cubierta, una medida que inexplicablemente no se les había ocurrido a ninguno de los ayuntamientos, ni a los equipos locales ni a los visitantes resignados. A todo esto, Caballero, que ha destapado al llegar al cargo una personalidad peculiar, que no dejó entrever ni como ministro de Felipe González ni como candidato a la Xunta, está manifiestamente encantado de su papel como María Pita resistiendo el asalto del Francis Drake del Bernabéu. Incluso los deportivistas más acérrimos se indignaron y se solidarizaron con el enemigo meridional.

Mientras tanto, el mundo inexplicablemente seguía girando, incluso en la zona cero del conflicto, solo que allí, en buena parte, a oscuras. En una comunidad exportadora de energía eléctrica, decenas de miles de familias pasaron el fin de semana sin corriente. Algunos de esos miles, hasta cinco días. Una anciana murió al resbalar en la escalera sin luz de su casa. Un hombre falleció aplastado por el árbol que intentaba retirar. Otro sufrió heridas al apartar un cable caído, y varios niños resultaron intoxicados leves por gases de un generador. Porque esos días se vendieron centenares de generadores, y no solo para poder celebrar fiestas infantiles. La carne de la matanza que tiene que durar todo el año y otros alimentos se guardan en las viviendas rurales en enormes arcones congeladores.

El antifranquismo tardío en Galicia se forjó en gran medida en luchas contra las eléctricas que inundaban valles, o que intentaron en vano construir una central nuclear en la costa de Lugo. Sobre todo Fenosa, la compañía de origen coruñés, que encima en los ochenta emigró, pero dejó los embalses y conservó el casi monopolio del suministro (y por lo tanto de las averías). Este mes de marzo hará doce años, Amancio Ortega (Inditex), Jacinto Rey (Constructora San José) y la hoy extinta Caixanova se aliaban para “repatriar” a Galicia Unión Fenosa. El accionista mayoritario, el Banco Santander, ponía a la venta su paquete del 22% de las acciones de la eléctrica y la troika de empresarios gallegos llegó a un acuerdo con el vicepresidente y director general, Matías Rodríguez Inciarte, para comprar a 30 euros por acción. Solo faltaba firmar, pero en esto apareció en el último momento una oferta de 32 euros, como el verdadero enamorado en la escena de la boda de las comedias románticas. Emilio Botín aceptó de inmediato. El candidato por sorpresa tenía una deuda de 1.200 millones de euros, pero no hubo problema: el dinero para la compra lo proporcionó el propio vendedor, el Banco Santander.

El resuelto pretendiente era Florentino Pérez/ACS. Formalizado el matrimonio, declaró que entraba en la eléctrica “con voluntad de permanencia”. Sin embargo en julio de 2008, cuando apenas se habían cumplido tres años, las bodas de cuero en la tradición anglosajona, vendió a Gas Natural por 7.600 millones su paquete accionarial, que un par de meses antes no alcanzaba los 5.000 millones de valor en Bolsa. Como diría Von Clausewitz si tuviese un palco en el Bernabéu: “Los negocios son la continuación del fútbol por otros medios”.


Publicado en www.ctxt.es

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Catalá y las mujeres difíciles de hallar

20/2/17

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Por Elisa Beni.


Elisa Beni
Equilibremos la Justicia. Feminicemos sus estructuras. Hagámosla acorde con la sociedad a la que sirve, levemente más femenina que masculina en número. A lo mejor así rompemos el círculo vicioso del poder, tal y como lo entienden los hombres, y conseguimos que los ciudadanos vuelvan a confiar en el sistema.

De todos los problemas, escándalos y meteduras de pata que rodean al actual ministro de Justicia, hay uno que me ha revuelto las tripas y me ha mellado las carnes, aún un poco más que los otros. Unos son desvergüenzas del sistema, como el manejo de la Fiscalía o los mercadeos con los correligionarios -que hay que acometer con seriedad si no nos resignamos al deterioro democrático que vivimos- ,y otro es la misoginia desplegada por el Notario Mayor del Reino cuando dijo el otro día en una radio que no puede haber más mujeres en el Tribunal Constitucional porque se necesitan "perfiles senior difíciles de encontrar entre las mujeres".

Catalá no defrauda. Ni techo de cristal ni mandangas. El tío se despacha con que no hay mujeres con nivel jurídico para llegar al Tribunal Constitucional y se queda tan ancho. Me doy por aludida, como debiera pasarnos a todas, porque no se trata de las expectativas profesionales de las señoras que han elegido profesiones jurídicas, sino de la constatación de que van a ser hombres los que sigan interpretando la norma marco de nuestra convivencia democrática. Es un escándalo. Los Padres de la Constitución fueron siete machos como siete castillos. Los que ahora la interpretan son 9 hombres y dos mujeres y con la renovación que se está a punto de producir, y que han muñido entre PP y PSOE, serán 10 hombres y 2 mujeres. Machos para dotarnos de una ley de leyes y machos para interpretarla. Plas, plas, plas. Y luego quieren que no saltemos.

Por definición, la Constitución es la gran norma que define lo que una sociedad ha decidido ser y, por tanto, su interpretación debe correr a cargo de juristas que representen el pluralismo social. Es por ello que la composición del órgano encargado de hacerlo se determinó para que las ideologías, la procedencia profesional y la territorialidad estuvieran presentes y compensadas. Lo del sesgo de género a nadie le preocupó. Las mujeres no somos un componente social a considerar. ¿Para qué? Que sigan tratando temas como el aborto, o si en su día tocan los vientres de alquiler, sólo señores. Esos y todos los que importan en nuestra vida cotidiana.

La excusa del ministro es tan escandalosa que inflama. ¿Perfiles senior? Pretende insinuar que todavía no hay en España juristas buenas y con la experiencia adecuada y que todo esto se irá “reequilibrando poco a poco”. Tomás y Valiente llegó al TC con 48 años, López Guerra con 39 años y Gimeno Sendra con 40. ¿Quiere decirnos Catalá que desde esa edad hasta la de jubilación no hay juristas mujeres con méritos y perfil suficiente para llegar a ese órgano? Perdóneme el ministro y todos los togados patriarcales: ¡para llenar diez Constitucionales hay mujeres!

Lo que sucede es que las estructuras de poder y el sesgo de género establecido durante siglos funciona con una regularidad de reloj suizo en el mundo jurídico. Y si alguna vez les sucede, como en el Caso Nóos, que encuentren un órgano constituido sólo por mujeres, tengan claro que se trata de un órgano que se designa exclusivamente por el número en el escalafón, porque en cuanto entren en las designaciones de cargos discrecionales verán señores y señores y más señores. Y alguna señora, para disimular, de vez en cuando.

La Justicia está corrompida en sus cúspides por la voluntad del poder político de controlarla y por la connivencia de los jueces, fiscales y juristas que están dispuestos a entrar en ese juego a cambio de un cargo que ansían. Lo que tenemos claro es que este círculo vicioso funciona de maravilla con un componente masculino mayoritario. Equilibremos la Justicia. Feminicemos sus estructuras. Hagámosla acorde con la sociedad a la que sirve, levemente más femenina que masculina en número. A lo mejor así rompemos el círculo vicioso del poder, tal y como lo entienden los hombres, y conseguimos que los ciudadanos vuelvan a confiar en el sistema.

Nunca hemos probado y ya va siendo hora.


Publicado o 18/02/2017 en eldiario.es

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De morte matada

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Por Alfonso Eiré.


Alfonso Eiré
ESCRIBINO tres anos antes da súa suposta entrada en crise. (Aí está a hemeroteca para consultalo). A cúpula da banca española reunida a semana anterior con Rodríguez Zapatero na Moncloa, esixiralle que as caixas tiñan que deixarlles o campo libre por “competencia desleal”.

A partires dese día púxose en marcha a maquinaria. PSOE e PP chegaron a un grande pacto, no que participarían logo as burguesías vasca e catalá (CiU e PNV): quedarían unicamente dúas grandes caixas, Caixa Madrid e a Caixa, que irían absorbendo ás entidades onde non tiñan presenza, agás as caixas vascas, e as demais poñeríanas en mans dos grandes bancos para “reordenar o sistema financeiro español”. O reparto de cargos e áreas de influencia sería paritario para PP e PSOE. UGT e Comisións entraron no reparto.

Para impedir esa posición dominante das dúas caixas, estas, na práctica, convertíanse en bancos.

Comezáronse a ditar leis a tal efecto e disposicións do Banco de España para que se cumprise o mandado.

Cando o presidente de Caixa Nova tivo coñecemento desta operación do PSOE e PP, chamou ao presidente Pérez Touriño, pedíndolle que fixese valer en Madrid a posición de Galiza e que tamén puidese conservar a súas caixas.

Non sei cal foi a contestación de Touriño nin as súas xestións, se é que as fixo. Só sei que os adxectivos que saíron pola boca dun sempre educado e temperado Gaioso contra o presidente da Xunta nunca pensei que os puidese pronunciar.

Ante a rebeldía das caixas autonómicas, comezaron a saír á luz os seus verdadeiros balances para vencer a súa resistencia. Mentres Zapatero presumía da “grande fortaleza da banca española”, esta estaba aínda peor que as caixas, como o demostran logo as cifras do rescate bancario.

Pero o Banco de España comeza a actuar só contra as caixas. E, para sanealas, puxeron en marcha dúas operacións para que fosen os cidadáns os que cargasen coa desfeita: as accións preferentes e a saída a bolsa. Si, non era que non coñecesen o seu balanzo, senón que, por iso mesmo, tomaron as decisións que tomaron.

O que non quixo facer Pérez Touriño en Galiza intentouno Núñez Feixó, traballando pola fusión das caixas. Como se ve agora polo seu balance (pagado en tres anos) haberá que investigar porque non sobreviviu a caixa galega, pois, mentres semella que o que ocorreu é cousa de malos banqueiros e malos funcionarios, o verdadeiro problema estivo no pacto entre as cúpulas do Partido Popular e PSOE. De Guindos, no 2012, xa dixo que todo fora “cuestión de Estado”.
As caixas morreron de morte matada. E está claro quen as matou. Digamos a verdade verdadeira e deixémonos de lilas lilainas.


Publicado o 18/02/2017 en El Correo Gallego

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Arsenio por compasión

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Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
Fernández de Mesa es el reflejo de los últimos 40 años de España: de auxiliar de jardinero a consejero de Red Eléctrica.

EN UN país ingrato y desagradecido como este, que desconoce su historia y cuya memoria no alcanza más allá del último debate en el Sálvame Deluxe, hay hombres tan grandes que no pueden aspirar sino a la gloria de los siglos, a la satisfacción íntima del deber cumplido frente al vocerío inane de la chusma ignorante. Es el caso de Arsenio Fernández de Mesa, a quien primero el tiempo y luego la historia concederán los galones que ahora se le regatean, alzando su figura hasta los pedestales que la nación reserva para los miembros de esa estirpe heredera de la tradición caudillista que supieron entregar sus vidas para la grandeza de la patria.

O no, que también puede ser, porque con Arsenio nunca se puede estar muy seguro de nada.

"Lo más importante es poner a salvo las costas españolas", dijo justo antes de enfilar el Prestige hacia el punto geográfico preciso para que el chapapote pudiera llegar a todas las playas, del Atlántico al Cantábrico. "El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín", confirmó unos días antes de tener que acompañar a Mariano Rajoy, ambos en traje y zapatito castellano, a dar saltitos por la playa entre charcos negros como el alma de un gobierno. "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe", sentenció luego, con precisión gallega.

El recurso al desconcierto como estrategia de gestión lo trasladó luego a la dirección general de la Guardia Civil, otro de esos puestos que se vio obligado a asumir en atención al bien general, sin mayor preparación ni parapeto que su limpieza de criterio: "No se han usado pelotas de goma contra los inmigrantes, sería inhumano", se santiguó ante la aparición de 15 cadáveres en las playas de Ceuta, los de otras tantas personas que trataban de ganar España a nado; 16 guardias civiles siguen imputados tras la aparición poco después de imágenes en las que se les veía disparando pelotas de goma contra los inmigrantes que trataban de mantenerse a flote.

Habrá envidiosos que vean en todo esto una inutilidad incapacitante, pero, muy al contrario, no es sino la prueba de un carácter asentado en convicciones y costumbres forjadas desde su juventud en El Ferrol del Caudillo. Mantiene inconmovibles desde entonces su lealtad perruna de cachorro del tardofranquismo y mascota del prontofraguismo, la gomina que esculpe su peinado de jefe local del Movimiento y una vocación de servicio público ajena a cualquier acomodo.

Porque Arsenio, y eso parece que nadie se atreve a decirlo, no tenía ninguna necesidad de meterse en estos berenjenales. Él podría haber sido muy feliz y una persona completa en su plaza de auxiliar de jardinería del Puerto de Ferrol. O como pintor de barcos en la industria naval ferrolana. Quién sabe si incluso a estas alturas no podría estar disfrutando de una cómoda jubilación anticipada, tal vez concedida por un leve problema respiratorio por la larga exposición a pinturas industriales.

Pero no lo hizo, renunció a todo eso por amor a su país y, lo que es todavía más importante, a su partido, que supo ver en él todas la capacidades que luego ha ido demostrando en todos los puestos que ha ocupado durante los últimos 40 años, de concejal a diputado, pasando por la delegación del Gobierno en Galicia o por la dirección de la Guardia Civil.

En todas sus encomiendas ha demostrado, además de las aludidas capacidades de gestión, una voluntad de aprendizaje y superación sin matices. Su breve contacto con las pinturas de barco se refleja en su currículum como "Inspector Técnico de la multinacional inglesa International Marine Coatings Ltd en su departamento Marítimo en Galicia, Asturias y Cantabria". Unos cursillos especiales para diputados y senadores que se impartieron en un par de días en el Congreso lo convirtieron en "diplomado en Altos Estudios Militares y Altos Estudios de la Defensa". Y de su paso por la Guardia Civil ha salido retratado como un general del siglo XIX, con banda de la Gran Cruz Naval con los colores de la bandera española, guantes, bastón de mando y 14 medallas en el pecho.

Quién mejor, por tanto, para ocupar ahora un puesto en el consejo de administración de Red Eléctrica, la empresa semipública que controla las infraestructuras de transporte de la electricidad en España. En un par de añitos que le dejen, en su currículum figurará como "coinventor de la bombilla".

Arsenio es la metáfora perfecta de los últimos cuarenta años de este país, su biografía lo encierra todo: el blanqueamiento ideológico, la mediocridad que crece al calor de unas siglas, la política de amiguetes, el presupuesto público al servicio de los partidos políticos... No solo se ha ganado su puesto en Red Eléctrica, sino también el derecho a que su cara se imprima en cada uno de los 150.000 euros que se va a llevar al año. Y cuando lo deje, debería ser embalsamado y su momia exhibida por todas las aulas de Historia de este ingrato país, antes de descansar definitivamente en la catedral de Santiago. Arsenio y cierra España.


Publicado o 05/02/2017 en El Progreso

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'Vento ferido' (1967): a revelación dun narrador

14/2/17

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Por Henrique Monteagudo.


Henrique Montagudo
Iste libro de Carlos Casares, Vento ferido, rematouse de imprentar nos Talleres gráficos de Faro de Vigo, o día 10 de febreiro de 1967". Así reza o colofón do primeiro libro publicado por Carlos Casares, daquela estudante universitario en Compostela, na colección "Illa nova" da Editorial Galaxia. Unha colección que fora inaugurada dez anos atrás coa peza teatral Vieiro choído, de Xosé Luís Franco Grande, e o poemario Do sulco, de Xohana Torres, e que incluía no seu catálogo autores tan representativos da renovación da literatura galega naquel tempo como Méndez Ferrín (Percival e outras historiasO crespúsculo e as formigas e Arrabaldo do norte), Bernardino Graña (Vinte mil pesos crime) ou María Xosé Queizán (A orella no buraco), entre outros. A publicación de Vento ferido, fai exactamente cincuenta anos, foi todo un acontecemento en Compostela, cidade axitada naqueles meses por unha vagada de conflitividade estudantil que evidenciaba o pulo do movemento universitario antifranquista. Un movemento dentro do cal salientaba Carlos Casares, activista da Asociación Democrática de Estudantes, que por causa da súa implicación era detido por presentar unha conferencia de José L. López Araguren no Burgo das Nacións (19 de xaneiro) –detención que provocou unha concentración estudantil ás portas da comisaría de policía– e que, quince días antes de que a súa obra prima viñese a lume (28 de xaneiro), aparecía citado nos informes policiais por encabezar accións de protesta na rúa, tal como recolle o historiador Ricardo Gurriarán na súa obra Inmunda escoria. Poucos meses despois, un 9 de maio, realizaríase no estadio da Residencia o recital do cantante Raimon, todo un fito na historia da oposición universitaria contra o franquismo, no que Carlos Casares xogou tamén un papel protagonista, xa que se encargou da tradución ao galego, xunto ao poeta Salvador García-Bodaño, das letras do cantautor valenciano, que foron editadas nun fermoso folleto que coñeceu unha ampla difusión, tal como contaremos noutra ocasión nunha Tribuna.

O eco acadado por Vento ferido explícase mellor naquel ambiente revoltado da Universidade compostelá, que viviu o seu propio "maio 68" cun ano de antecedencia a París e o resto do mundo, e no que a promoción daquel libriño aparecía case como un elemento emblemático da explosiva mobilización do estudantado. Relembra a profesora Camiño Noia, compañeira de curso do novel escritor: "Daqueles anos de ilusións e de esperanza conservo moitas vivencias en común con Carlos: a chegada a Santiago do primeiro paquete de libros de Vento ferido, o escaparate da libraría Porto dedicado ao libro, a presentación na Facultade...". Xavier Carro, un dos seus mellores amigos daqueles anos en Compostela, que foi testemuña da xénese do libro, lembra "como Carlos fuxía das sombras e frientas pensións e buscaba refuxio e agarimo para aquelas tardes interminables na miña casa. Alí, entre libros e conversas, viamos dende a miña habitación como as horas grises esvaraban aéreas e tristeiras polos tellados da Rúa Nova". Carro, que foi o primeiro comentarista da obra no mítico xornal La Noche, albiscou "a importancia que ían ter aquelas narracións para a nosa literatura", subliñando "a estrutura case poemática da narración, a sinxeleza e limpidez da prosa e a lírica interiorización da realidade. Perfilábase un escritor dotado duns extraordinarios dotes creativos, que sabía construír o relato de xeito moi equilibrado". En efecto, xa nesta obra, Casares se revela como un escritor cunha potente personalidade propia, fondamente orixinal e mesmo atípico. Vento ferido foi, abofé, unha revelación, e así mesmo o viron os seus coetáneos.

Aínda que a obra fora autorizada pola censura previa, unha denuncia presentada por un militar residente en Pontevedra motivou o seu secuestro por orde gobernativa, o que obrigaba a retirala das librarías. Así e todo, o libro vendíase nas trastendas con tanto éxito que foi obxecto dunha segunda edición, clandestina, para non ter que volver someterse ás forcas caudinas da censura. A arriscada decisión de imprimir a edición clandestina foi de Paco del Riego. Aínda que a súa obra primeiriña comparte as arelas renovadoras da chamada "nova narrativa" galega, que se viña dando a coñecer precisamente a través da colección "Illa Nova", apártase daquela, entre outros, en dous aspectos que caracterizarán moi marcadamente a escrita do noso autor: a recreación de mundos recoñecibles, próximos e concretos (e non fantásticos ou simbólicos), e a vontade de saír dun círculo reducido de lectores militantes para achegarse a un público amplo. Vento ferido continúa a ser unha das obras preferidas para moitos lectores e lectoras da obra de Casares, ata o punto de que coñeceu once edicións nos trinta anos seguintes á súa publicación, o cal é todo un índice da súa popularidade, que sorprende aínda máis se se ten en conta que se trata dunha opera prima. A coincidencia dos cincuenta anos da publicación deste fito na obra de Casares e na narrativa galega do século XX co ano das Letras Galegas dedicado ao seu autor constitúe, por tanto, unha feliz casualidade, merecente, ao menos, dunha lembranza.


Publicado en www.academia.gal

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Prepárate para odiar a los estibadores

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Por Isaac Rosa.


Isaac Rosa
Cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos.

Hacía ya tiempo que no teníamos un colectivo de trabajadores al que odiar con todas nuestras fuerzas y poder gritarles "¡privilegiados!". Hemos odiado a funcionarios (¡parásitos!), mineros (¡subvencionados!), profesores (¡vagos, todo el día de vacaciones!), y por supuesto a los más odiables de entre los odiosos: los controladores aéreos, que tan buenos ratitos de odio nos dieron un verano.

Pero estamos de enhorabuena, porque en los próximos días nos van a echar un nuevo hueso: los estibadores de puerto. No sabíamos nada de ellos hasta ahora, solo que son los que cargan y descargan barcos; pero resulta que también son unos privilegiados. Ahora el Gobierno prepara un decreto para liberalizar la actividad, y los trabajadores están dispuestos a ir a la huelga para defender sus derechos. Perdón, quiero decir que "los privilegiados están dispuestos a chantajearnos para defender sus privilegios".

La secuencia es la habitual, la hemos visto muchas veces:

1.- Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2.- Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque "lo manda Europa", y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3.- Señalamos a los trabajadores como "privilegiados", "restos de un modelo anacrónico" (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto "aristocracia sindical".

4.- Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5.- Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6.- Acusamos a los huelguistas de dañar un "sector estratégico".

7.- Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

Además, hay que asegurarse de que los representantes sindicales no tengan voz, que ya sabemos lo manipuladores que son: si les dejamos, dirán que lo suyo no son privilegios sino derechos ganados en décadas de lucha, que la suya es una profesión especialmente dura y con alta siniestralidad, que hay otras opciones para cumplir con Europa, que los puertos son rentables y lo único que buscan gobierno y patronal es abaratar costes laborales (rebaja salarial ¡del 60%!, más horas de trabajo, flexibilidad laboral…).

Nada, ni caso. No escuchen a los trabajadores, que son capaces de convencernos. Yo ayer lo hice, atendí a sus razones, y me entraron dudas: a ver si van a tener razón… A ver si en realidad no son unos privilegiados… A ver si es que el único "privilegio" que tienen (el mismo "privilegio" que controladores, mineros o funcionarios; el mismo "privilegio" que hemos perdido la mayoría; el que les quieren quitar) es el "privilegio" de ser capaces de defender sus derechos, de tener conciencia de clase, organización y capacidad de lucha.

Tantas dudas me entraron que miré a ver qué sindicato es ese de los estibadores y descubrí que tiene unos principios que no parecen los propios de una mafia ni de una aristocracia insolidaria: una coordinadora que se define de clase, democrática, asamblearia, internacionalista y que defiende la solidaridad con toda la clase trabajadora (como demuestra su participación en sucesivas huelgas generales).

Uf, me ablandé, lo reconozco. Empecé a pensar que deberíamos apoyar la lucha de los estibadores. No por ellos, sino por nosotros: porque cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos. No ganamos nada y, a cambio, perdemos espacios de organización sindical que todavía resisten y que sirven como ejemplo.

Nada, un día tonto, en seguida se me pasa. En cuanto vea dos telediarios recordándome el sueldazo de los estibadores me sumaré otra vez al pelotón de odiadores. Hacedme sitio, que voy.


Publicado o 09/02/2017 en www.eldiario.es

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Chuvia, instrucións de uso

29/1/17

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Por Xosé Manuel Pereiro.


Unha das características do ser humano é a capacidade de interpretación dos cambios que experimenta o seu entorno, e a súa adaptación a eles. Nas últimas horas, coñecemos un curioso fenómeno, a caída de auga desde as alturas de forma fragmentaria pero intensa, ou con intensidades variables, pero nunca o bastante consistente como para poder aventurar que había alguén nunha improbable altura que a estivese botando a baldes ou mediante outro sistema similar. Segundo os vellos do lugar, eses seres míticos de referencia no xénero informativo meteorolóxico, o fenómeno chámase "chuvia" e era moi frecuente en Galicia. Moito máis incluso do que a moita xente quería. O compromiso de servizo público que caracteriza a esta casa e a esta firma impéleme a facilitar a informar básica de urxencia para afrontar a novidade esta.

O primeiro é que, contra o que aseguran algúns rumores completamente infundados, quedar exposto ao fenómeno chuvia non implica encoller, derreterse ou calquera outra alteración molecular significativa, aínda que, efectivamente, mollar, molla. E canto máis exposto se permaneza sen protección axeitada, máis molladura. Ao contrario do que pasa co sol, neste caso non hai axuda farmacolóxica ou cosmetolóxica da que botar man, e os únicos métodos cunha efectividade apreciable, sen ser cento por cento seguros nin, desde logo, cómodos, son prendas como chuvasqueiros e artefactos como os chamados paraugas. Estes últimos son obxectos de artesanía africana, semellantes aos parasoles da praia ou das terrazas de bar, pero portátiles -nalgúns modelos mesmo plegables-. Se precisa un e non encontra ningún vendedor na rúa, sempre se poden obter nos paraugueiros dos bares.

A chuvia é un fenómeno relativamente descoñecido, ata o punto de que un home estudiado como o pasado, presente e posiblemente futuro presidente do Goberno, Mariano Rajoy, ten expresado publicamente a súa ignorancia das causas que o producen. Non obstante, coa chuvia, igual que pasaba cos coches e pasa cos ordenadores, descoñecer por que funcionan non impide saber para que sirve. A auga caída do ceo, tal e como anunciou Rajoy, está demostrado que é moi avogosa para baixar os recibos da luz, naqueles casos nos que inchan de forma aínda máis desmesurada. Hai quen usa a auga de chuvia para mollar o recibo e facer emplastos, e quen a ferve cunha folla de loureiro e logo asperxe con ela o contador. Polo sur de Lugo mesturan unha parte de chuvia con nove de augardente quente e bébena dun saque cada vez que vén a conta. A cadaquén vaille o seu sistema.



Hai alambicadas teorías sobre que a chuvia esa ten a súa orixe na condensación do vapor de auga que hai nas nubes, e tamén quen asegura que esas hipóteses non son máis que argalladas para ocultar a verdadeira natureza do fenómeno: é cousa dos anxos. O pis, segundo a versión máis benévola, ou as lágrimas de tanto que choran polos pecados que aquí se cometen (polo menos esa foi a que me explicaron a min de neno). Hai outra, propia de xente atravesada, que di que en realidade non é que chova, senón que mexan por nós. Pero iso non ten ningunha base, porque de ser así non levariamos tanto tempo de seca.


Publicado en www.laopinioncoruna.es

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Falemos do tempo

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Por Alfonso Eiré.


Alfonso Eiré
SÁBADO. Hai quince días. Vigo. Son as 20.30 horas. O termómetro na Praza de Compostela marca 14 grados. Hora e media despois, semella que entrou a “fronte siberiana” no Mar de Vigo.

As persoas camiñan todas embufandadas e con carrapucha, gorras ou sombreiros. Elas e eles. Algunhas até tremelican ao entrar na Estrella de Galicia. Eu, que estou en mangas de camisa, comezo a ter arrefríos ao notarme tan desabrigado.

Remata o partido de fútbol. Volvemos á praza. Enxergo o termómetro da farmacia: marca 13 grados. Saben vostedes o que pasou...? Baixaron as temperaturas? Non. Remataran os telexornais que decretaron que vai un frío que non se para!. Onde? En Madrid. Madrid marca a temperatura de toda a península Ibérica. Se deciden que fai frío, faino. Se deciden que chove, chove. Se deciden que neva, neva.

Os vilegos fanlles caso aos telexornais. En Madrid sábeno e os da TVG case sempre actúan como bos colonizados. Hai outra xente, os paisanos, que sempre tomaron “iso do tempo” a chanza. E cando aparecen os intrépidos reporteiros/as a corroborar in situ que estamos nunha situación excepcional que bate todas as marcas, desmóntanlles as súas andrómenas e din que é algo normal, que tal e cal ano foi moito peor e que antes, antes si que nevaba e ía frío. Porque ás TVs non lles chega con contar o que pasa, teñen que facer enquisas a “pé de rúa”.

Aínda así os vilegos créennos e, en vez de ollar a temperatura que lles marca o seu móbil, van e amántanse todos..., porque di a televisión que nos imos quedar todos conxelados. A 13 grados!

A climatoloxía xa hai moito tempo que se converteu en anestesia social. Máis de 20 minutos nos telexornais tres veces ao día. Porque o tempo aféctanos a todos. Porque é a conversa máis recorrida cando non sabemos de que falar. Porque sobre o tempo non hai discusión ideolóxica. Porque o tempo, aínda que se minta, non protesta. Porque o frío e a calor é algo tremendamente subxectivo. Porque se todos falamos do tempo esquecemos o demais!.

E aínda nos alarman coa seca, pedíndonos que gastemos menos auga. Cando os encoros para consumo están ao 70 % segundo datos oficiais. E os de electricidade? Non hai auga? Non a hai nos encoros cabeceiros da conca, como o de Belesar, Portodemouros ou Lindoso. Os de máis abaixo están cheíños. As eléctricas non perden nin unha pinga. Pero o “tempo” ten a culpa de que a electricidade sexa máis cara ca nunca. Dixo o ministro. Palabra. E Aguas de Galicia afirma que os encoros están “na media dos últimos cinco anos”.

Este élles o Inverno (galego), que ven cada catro anos. Non lle dean máis voltas...
“Galicia caníbal, fai un sol de carallo...”.


Publicado en www.elcorreogallego.es

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La gran estafa de la electricidad en España

26/1/17

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Por Juan Carlos Escudier.


Juan Carlos Escudier
Todo es muy difícil antes de ser sencillo salvo en lo relativo al recibo de la luz, que, en contra de lo que pudiera parecer, es más simple que el asa de un cubo. Para entender por qué sube la electricidad en España o por qué su precio es escandalosamente alto en relación a otros países europeos no hay que pretender conocer los entresijos de una factura incomprensible o aprender desde pequeños la diferencia entre la parte regulada de la tarifa y la liberalizada, los peajes del sistema, la potencia instalada o el déficit tarifario. Lo que hay que saber es que el supuesto mercado libre es una milonga, un sistema oligárquico controlado por cinco empresas montado para que se forren en cualquier circunstancia. Así de sencillo.

Tenemos un ministro de Energía, Álvaro Nadal, que nos ha explicado unas cuantas razones de por qué el precio de la luz cabalga desbocadamente hacia nuestros bolsillos y ha profetizado que el espectáculo hípico nos costará 100 euros más al año. Dice Nadal que el precio sube porque hace frío, no llueve y hace viento, porque el petróleo es más caro y porque Francia tiene muchas nucleares pasando la ITV y nos compra energía barata haciendo que aquí suba. Súmese a esto que los consumidores han de pagar durante 25 años una deuda con las eléctricas de varios miles de millones de euros y obtendremos la resultante: la factura de la luz será en enero la segunda más cara de la historia.

Tal y como se ha ideado el sistema, el precio final camina sobre dos patas. La primera es la regulada, la suma de los impuestos y del coste de transportar la electricidad desde donde se produce hasta la lámpara del salón. Incluye también algunas partidas insólitas. Se paga a las compañías por su capacidad, es decir por sus instalaciones, produzcan o no. Y se compensa a las grandes industrias por algo bautizado como coste de ininterrumpibilidad, más de 500 millones al año, por si en un momento de picos de consumo hubiese que cortarles el cable, algo que no se ha producido en más de una década. Esta pata sube lo que le da la gana al Gobierno, que suele ser poco para disimular.

La segunda es la liberalizada, y se determina con una subasta que antes era trimestral y ahora es diaria. Si la ley de la oferta y la demanda funcionase, en condiciones meteorológicas favorables y de baja demanda el precio debería bajar con la misma intensidad que sube cuando no lo son. Y como esto no ocurre, hay que deducir que todo es una farsa y que la supuesta competencia es una broma gigantesca.

El propio mecanismo de la subasta es alucinante. Una vez que se establecen las necesidades de consumo, las eléctricas avanzan qué megavatios pueden ofrecer y de dónde proceden. El precio del megavatio sube o baja hasta que oferta y demanda casan. A coste cero entran en las pujas la energía nuclear (las centrales están amortizadas) y las renovables. Ordenadas de menor a mayor precio, les siguen las centrales hidráulicas, las de gas de ciclo combinado y, finalmente, las térmicas alimentadas por carbón, las más costosas. El precio que se fija es de la energía más cara en entrar al sistema.

Es lógico pensar que, en condiciones favorables, habría días en las que bastaría con usar la energía de las nucleares y de las renovables para atender a las necesidades previstas por lo que el precio tendría que ser cero, pero esto nunca ocurre. ¿Por qué? Pues porque las eléctricas siempre se las arreglan para ofertar ligeramente por debajo de la demanda prevista para cubrir ese excedente con térmicas o centrales de gas, que son las que acaban determinando el precio. La trampa es permanente y tiene hasta un nombre en inglés: los windfall profits o beneficios caídos del cielo.

¿Se funciona igual en otros países? Pues no. Mientras que aquí el precio se determina en 80% por el mercado y un 20% a plazo, en Alemania, por ejemplo, el porcentaje es justamente el inverso. Los alemanes saben un año antes (a plazo) el precio al que pagarán más de las tres cuartas partes de la electricidad que consumen mientras que en España las subastas y sus trampas son diarias.

Pero es que hay más. Desde que España es exportadora neta de electricidad la factura de la luz no ha dejado de crecer. De eso el ministro Nadal no dice nada, lógicamente. La explicación hay que buscarla en esas directivas europeas, moduladas según los intereses de Francia y Alemania, que son las que aprovechan que toda la energía que importan no incluya la inmensa mayoría de los costes asociados. Es decir, los consumidores españoles financian la energía barata que vendemos a mayor gloria de franceses y alemanes, sí, pero también de nuestras compañías eléctricas que se aseguran la presencia en esos mercados y dan salida a su exceso de potencia instalada.

Así que ya saben por qué la electricidad en España es cara y lo será más en los próximos días y semanas. Porque no llueve ni hace viento. Sencillo.


Publicado o 19/01/2017 en www.publico.es

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Cierren la boca

19/1/17

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Por Manuel Jabois.


Manuel Jabois
La condena a Strawberry no hace más que coronar la cumbre buscada en sucesivos juicios que suprimen deliberadamente el contexto de los mensajes.


Ha sido una suerte que la condena a un año de prisión de César Strawberry por enaltecimiento del terrorismo se haya producido el mismo día en que la nieta de Carrero-Blanco publicase una carta titulada Enaltecimiento del mal gusto. Describe a la perfección el paisaje y sus condiciones, con una justicia obsesionada en proteger a quienes no se sienten atacados porque en el fondo, de lo que se trata, no es tanto callar a Strawberry como al resto.


Fundada la tradición según la cual hay que medir el uso del humor, vestido de la forma que sea, queda esperar a que la sociedad digiera las lecciones de unos tribunales capaces de equiparar la apropiación de millones de euros en la quiebra de unas cajas con varios tuits. No se mide el daño a la sociedad, que ha pagado los vicios de los primeros y es indiferente a los segundos, sino la capacidad que le va quedando para expresarse libremente. Dirigirla a varazos en los lomos a un rebaño en el que una voz no sea más alta que la otra; una crítica institucional y cortés, cuando no directamente servil.


Es el Supremo, con su condena, el que marca límites desconocidos en un territorio sagrado. El ciudadano común que crea de verdad que Strawberry piensa enviar por Navidad un “roscón-bomba” a La Zarzuela o sueña con que vuelvan a secuestrar a Ortega-Lara, como escribió en sus tuits, tiene un problema; si ese ciudadano común es magistrado del Tribunal Supremo, el problema lo tiene España.

En Twitter, como dice el presidente de la Sala en la sentencia contra Strawberry, hay mensajes que “alimentan el discurso del odio, legitiman el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos sociales y, lo que es más importante, obligan a la víctima al recuerdo de la lacerante vivencia de la amenaza, el secuestro o el asesinato de un familiar cercano”. Pero no son los que se someten al gusto subjetivo de cada uno; son los que carecen de dobleces y van directamente a la apología del franquismo, del maltrato a las mujeres, al enaltecimiento del nazismo y a la persecución de minorías, virtual y físicamente. Llaman a palizas y dan direcciones postales. Búsquenlos: muchos podemos enseñarles esas cuentas, muchos somos objeto de atención periódica de esos anónimos. De verdad, no como en La Zarzuela, pendientes de que les llegue un roscón-bomba enviado por el cantante de Def con Dos.

La condena no hace más que coronar la cumbre buscada en sucesivos juicios que suprimen deliberadamente el contexto de los mensajes, como ocurrió con el concejal Zapata. Del mismo modo, esa pena de cárcel no se entiende sin un contexto institucional de una gravedad incontrolada: se persigue y se denuncia y ahora se condena discriminando, se define el odio a capricho, no se elige el objetivo de forma aleatoria y se pretende aplastar disidencias yéndolas a buscar a extremos irresponsables, como el humor, para limpiar un área de opinión pública ligándola a una supuesta desestabilización del Estado. Con todo lo que tienen en las instituciones y en la banca, donde sí se erosiona el sistema, salen a la calle a buscar el peligro olisqueando teléfonos móviles.


Publicado o 19/01/2017 en El País

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Caranchoa

21/12/16

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Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
UNA DE las muchas ventajas de las redes sociales es que son muy espaciosas, con capacidad para dar cobijo a un montón de tontos, lo que es de gran alivio para el mundo real. Porque en este país, en el analógico, no cabemos ni uno más, y la población de tontos es la única que mantiene un crecimiento sostenido, incluso pertinaz.

Son unos momentos que no son fáciles para nadie, tampoco para los nuevos tontos que se van incorporando, que además, según nos dicen, son los tontos mejor preparados de la historia. Pero en esto pasa como en todo, que el mercado laboral ya lo tenemos saturado los tontos de antes, los más afortunados incluso con contratos indefinidos, por lo que el mundo virtual es una salida bastante lógica. Los nuevos tontos emigran a otra dimensión, como otros jóvenes emigran a otros países.

Las posibilidades que abren en este campo las redes sociales son inabarcables. Por ejemplo, nos han permitido pasarnos una semana debatiendo sobre si un youtuber, una nueva categoría social en la que la estupidez parece cotizar a precio de máster, iba bien servido con el bofetón a mano abierta que le arreó un mensajero al que intentó vacilar llamándole «caranchoa», o si hubiera merecido al menos otra del otro lado, para que fuera compensado. Es verdad que también había quienes defendían que la violencia no es justificable en ningún caso, axioma con el que suelo estar de acuerdo salvo excepciones, pero es que esta es una excepción muy bien dada.

Hasta la Real Academia de la Lengua, a través de la Fundéu, ha entrado en el debate para aclarar que como fórmulas para el insulto es mejor «caranchoa» o «caraanchoa» que otras formas como «cara anchoa».

Mientras el país se entretenía en analizar el nivel de inteligencia del youtuber y la depurada técnica del repartidor cabreado a la hora de soltar una hostia de libro, el Gobierno anunciaba en voz bajita, como sin darle importancia, que nos íbamos a comer entre todos un bofetón de 5.600 millones de euros, céntimo arriba, céntimo abajo, con el rescate de las autopistas radiales. Aquella red viaria de altas capacidades que según José María Aznar iban a suponer «un antes y un después en el proceso de modernización y competitividad de España» eran tan necesarias, estaban tan bien diseñadas y su rentabilidad apuntaba tan alto que las grandes constructoras no las quitaron de las manos. A cambio el Gobierno de Aznar solo tuvo que firmar una condición sin mayor importancia: si había beneficios, serían para las constructoras, pero si había pérdidas, serían para la arcas públicas.


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Negociar con la enfermedad

16/12/16

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Por Marciano Sánchez Bayle.


Marciano Sánchez Bayle
El último escándalo sobre una colecta supuestamente para tratar a una niña gravemente enferma da pie para hacer algunas reflexiones sobre el tema.

En primer lugar, señalar que no se va a hablar de los verdaderos negociantes con la enfermedad (empresas farmacéuticas y tecnológicas, aseguradoras, empresas de provisión de servicios sanitarios, etc.), sino solo a una parte, la menos importante de los que se plantean negocios con la enfermedad, que lo hacen en base a cuestaciones públicas para atender tales o cuales problemas de salud que, en teoría, carecen de respuesta en nuestro sistema sanitario.

Obviamente este tipo de actuaciones se basan en tres tipos de ideas equivocadas, la primera que todo tiene cura y que la vida puede alargarse casi indefinidamente, creencia bastante innata en los humanos que se niegan a afrontar la muerte como el final necesario e inevitable de todas las personas. La segunda es la que se basa en la supuesta capacidad infinita de la ciencia para superar todos los retos biológicos, la que por cierto está fomentada por las noticias que aparecen en los medios magnificando los avances científicos que supuestamente resuelven todos los problemas de salud (repasen las noticias sobre prometedores avances médicos de hace 30 años y podrán comprobar como la inmensa mayoría se han quedado en nada). Y por último es aquella que piensa que el dinero todo lo puede, y que lo que es gratis en el momento del uso (nuestro sistema sanitario) tiene que ser mucho peor que aquello que se paga, más aún si es carísimo, volvamos a la prensa, no estaría de más recordar el caso de la famosa folclórica desahuciada en España que viajó a USA para recibir “los últimos y mas eficaces tratamientos” y acabó volviendo a nuestro país para fallecer, eso sí con una cuenta corriente muy aligerada, y después de someterse al correspondiente encarnizamiento terapéutico, asimismo todos los días podemos comprobar cómo los multimillonarios se siguen muriendo. Tres ideas que no por erróneas están menos extendidas.


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¿En qué puedo ayudarle?

1/11/16

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Por Manuel Rivas.


Buenas tardes. Mi nombre es María Dolores. ¿En qué puedo ayudarle?

Manuel Rivas
Nunca sabes con certeza lo que te espera al otro lado, pero sí puedes estar segura de algo: al otro lado hay un problema. Pequeño o grande, para quien llama, un problema es un problema. Lo que parece poca cosa puede ir adquiriendo la dimensión de una tormenta, si no se resuelve, ¿verdad? Y si ese cliente llega ya desquiciado de hablar con máquinas, de largas esperas, y llamar y rellamar, lo que te puedes encontrar es un huracán. En ese momento, la gente no te ve como una trabajadora. Eres la responsable de su pesadilla. Descargan en ti toda la tensión acumulada. ¡Eres la empresa, el sistema, el enemigo! A veces, cuando al final de la llamada piden una calificación, te ponen un cero. Has sido amable, has hecho todo lo que has podido, pero me ponen un cero pensando que así molestan a la empresa. Pero a quien castigan es a mí. Es un cero iracundo.


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Abortar así

23/10/16

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Por Fernanda Tabarés.


Fernanda Tabarés
Descubres las esquinas del mundo cuando tu vida se desmorona y fuera nadie parece darse cuenta. En el terreno confortable de la niñez, todo parece transcurrir a tu medida. Un caso real: un niño de unos cinco años desayuna con la placidez que se instala a nuestro alrededor cuando la vida es eterna en cinco minutos. Observa la taza, observa la ventana. Y pregunta: mamá, ¿por qué cuando le doy vueltas al colacao amanece? La lógica del chaval es la que lo mantiene a salvo de la soledad. Aún no se ha roto su confianza ciega en ese orden perfecto que le reserva un lugar central en el universo. Un día, todo esa sinfonía se volverá quebradiza. Es fácil olfatear la sensación de abandono cósmico en la mujer que fue enviada a abortar a Madrid. Gestaba a un feto de veintidós semanas con problemas tan graves que lo convertían en inviable. La mujer debía abortar una gestación deseadísima cuatro largos meses después de haberse iniciado. Pero el sistema gallego objetó. No se entiende muy bien que en toda la red sanitaria del país el Sergas no encuentre a nadie que afronte un caso así. Que decenas de mujeres sean enviadas a Madrid y obligadas a costearse una estancia cargada de dolor y perplejidad. Esta historia salió de la peor forma posible. El viaje se convirtió en un infierno y tras ser sanitariamente maltratada en una clínica privada de Madrid, la mujer acabó perdiendo el útero y su capacidad para gestar hijos. Un juez ha condenado ahora al Sergas por prescribir este viaje y dictado una sentencia cuya contundencia debería avergonzar a más de uno. El caso es el extremo brutal de una gestión desastrosa de un asunto que compete cada año a muchas mujeres. Pregunte y seguro que encontrará a su alrededor amigas, primas, hermanas que pasaron por el trance de un aborto eugenésico de la peor forma posible: solas y desatendidas. Convencidas de que no iba a amanecer por muchas vueltas que le dieran a su colacao. Extrañadas de que la vida siguiera fuera con su pálpito mientras algo malo les sucedía a ellas.


Publicado o 23/10/2016 en La Voz de Galicia

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