Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Olarte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Olarte. Mostrar todas las entradas

Arsenio por compasión

20/2/17

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
Fernández de Mesa es el reflejo de los últimos 40 años de España: de auxiliar de jardinero a consejero de Red Eléctrica.

EN UN país ingrato y desagradecido como este, que desconoce su historia y cuya memoria no alcanza más allá del último debate en el Sálvame Deluxe, hay hombres tan grandes que no pueden aspirar sino a la gloria de los siglos, a la satisfacción íntima del deber cumplido frente al vocerío inane de la chusma ignorante. Es el caso de Arsenio Fernández de Mesa, a quien primero el tiempo y luego la historia concederán los galones que ahora se le regatean, alzando su figura hasta los pedestales que la nación reserva para los miembros de esa estirpe heredera de la tradición caudillista que supieron entregar sus vidas para la grandeza de la patria.

O no, que también puede ser, porque con Arsenio nunca se puede estar muy seguro de nada.

"Lo más importante es poner a salvo las costas españolas", dijo justo antes de enfilar el Prestige hacia el punto geográfico preciso para que el chapapote pudiera llegar a todas las playas, del Atlántico al Cantábrico. "El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín", confirmó unos días antes de tener que acompañar a Mariano Rajoy, ambos en traje y zapatito castellano, a dar saltitos por la playa entre charcos negros como el alma de un gobierno. "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe", sentenció luego, con precisión gallega.

El recurso al desconcierto como estrategia de gestión lo trasladó luego a la dirección general de la Guardia Civil, otro de esos puestos que se vio obligado a asumir en atención al bien general, sin mayor preparación ni parapeto que su limpieza de criterio: "No se han usado pelotas de goma contra los inmigrantes, sería inhumano", se santiguó ante la aparición de 15 cadáveres en las playas de Ceuta, los de otras tantas personas que trataban de ganar España a nado; 16 guardias civiles siguen imputados tras la aparición poco después de imágenes en las que se les veía disparando pelotas de goma contra los inmigrantes que trataban de mantenerse a flote.

Habrá envidiosos que vean en todo esto una inutilidad incapacitante, pero, muy al contrario, no es sino la prueba de un carácter asentado en convicciones y costumbres forjadas desde su juventud en El Ferrol del Caudillo. Mantiene inconmovibles desde entonces su lealtad perruna de cachorro del tardofranquismo y mascota del prontofraguismo, la gomina que esculpe su peinado de jefe local del Movimiento y una vocación de servicio público ajena a cualquier acomodo.

Porque Arsenio, y eso parece que nadie se atreve a decirlo, no tenía ninguna necesidad de meterse en estos berenjenales. Él podría haber sido muy feliz y una persona completa en su plaza de auxiliar de jardinería del Puerto de Ferrol. O como pintor de barcos en la industria naval ferrolana. Quién sabe si incluso a estas alturas no podría estar disfrutando de una cómoda jubilación anticipada, tal vez concedida por un leve problema respiratorio por la larga exposición a pinturas industriales.

Pero no lo hizo, renunció a todo eso por amor a su país y, lo que es todavía más importante, a su partido, que supo ver en él todas la capacidades que luego ha ido demostrando en todos los puestos que ha ocupado durante los últimos 40 años, de concejal a diputado, pasando por la delegación del Gobierno en Galicia o por la dirección de la Guardia Civil.

En todas sus encomiendas ha demostrado, además de las aludidas capacidades de gestión, una voluntad de aprendizaje y superación sin matices. Su breve contacto con las pinturas de barco se refleja en su currículum como "Inspector Técnico de la multinacional inglesa International Marine Coatings Ltd en su departamento Marítimo en Galicia, Asturias y Cantabria". Unos cursillos especiales para diputados y senadores que se impartieron en un par de días en el Congreso lo convirtieron en "diplomado en Altos Estudios Militares y Altos Estudios de la Defensa". Y de su paso por la Guardia Civil ha salido retratado como un general del siglo XIX, con banda de la Gran Cruz Naval con los colores de la bandera española, guantes, bastón de mando y 14 medallas en el pecho.

Quién mejor, por tanto, para ocupar ahora un puesto en el consejo de administración de Red Eléctrica, la empresa semipública que controla las infraestructuras de transporte de la electricidad en España. En un par de añitos que le dejen, en su currículum figurará como "coinventor de la bombilla".

Arsenio es la metáfora perfecta de los últimos cuarenta años de este país, su biografía lo encierra todo: el blanqueamiento ideológico, la mediocridad que crece al calor de unas siglas, la política de amiguetes, el presupuesto público al servicio de los partidos políticos... No solo se ha ganado su puesto en Red Eléctrica, sino también el derecho a que su cara se imprima en cada uno de los 150.000 euros que se va a llevar al año. Y cuando lo deje, debería ser embalsamado y su momia exhibida por todas las aulas de Historia de este ingrato país, antes de descansar definitivamente en la catedral de Santiago. Arsenio y cierra España.


Publicado o 05/02/2017 en El Progreso

Ligazón permanente

Caranchoa

21/12/16

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
UNA DE las muchas ventajas de las redes sociales es que son muy espaciosas, con capacidad para dar cobijo a un montón de tontos, lo que es de gran alivio para el mundo real. Porque en este país, en el analógico, no cabemos ni uno más, y la población de tontos es la única que mantiene un crecimiento sostenido, incluso pertinaz.

Son unos momentos que no son fáciles para nadie, tampoco para los nuevos tontos que se van incorporando, que además, según nos dicen, son los tontos mejor preparados de la historia. Pero en esto pasa como en todo, que el mercado laboral ya lo tenemos saturado los tontos de antes, los más afortunados incluso con contratos indefinidos, por lo que el mundo virtual es una salida bastante lógica. Los nuevos tontos emigran a otra dimensión, como otros jóvenes emigran a otros países.

Las posibilidades que abren en este campo las redes sociales son inabarcables. Por ejemplo, nos han permitido pasarnos una semana debatiendo sobre si un youtuber, una nueva categoría social en la que la estupidez parece cotizar a precio de máster, iba bien servido con el bofetón a mano abierta que le arreó un mensajero al que intentó vacilar llamándole «caranchoa», o si hubiera merecido al menos otra del otro lado, para que fuera compensado. Es verdad que también había quienes defendían que la violencia no es justificable en ningún caso, axioma con el que suelo estar de acuerdo salvo excepciones, pero es que esta es una excepción muy bien dada.

Hasta la Real Academia de la Lengua, a través de la Fundéu, ha entrado en el debate para aclarar que como fórmulas para el insulto es mejor «caranchoa» o «caraanchoa» que otras formas como «cara anchoa».

Mientras el país se entretenía en analizar el nivel de inteligencia del youtuber y la depurada técnica del repartidor cabreado a la hora de soltar una hostia de libro, el Gobierno anunciaba en voz bajita, como sin darle importancia, que nos íbamos a comer entre todos un bofetón de 5.600 millones de euros, céntimo arriba, céntimo abajo, con el rescate de las autopistas radiales. Aquella red viaria de altas capacidades que según José María Aznar iban a suponer «un antes y un después en el proceso de modernización y competitividad de España» eran tan necesarias, estaban tan bien diseñadas y su rentabilidad apuntaba tan alto que las grandes constructoras no las quitaron de las manos. A cambio el Gobierno de Aznar solo tuvo que firmar una condición sin mayor importancia: si había beneficios, serían para las constructoras, pero si había pérdidas, serían para la arcas públicas.


Ler máis...

¿Dónde nos refugiaremos?

3/2/16

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


LLEVA EL PELO LARGO, descuidado, igual que su aspecto, con un descuido como de genio loco. Responde con mucha pausa, tomándose su tiempo incluso en mitad del argumento, buscando la palabra exacta. Su tono de abuelo afable, de viejo profesor, contrasta con la radicalidad de lo que dice, la contundencia de sus razones, la rotundidad de un pensamiento sin deudas, apesadumbrado pero libre.


Ler máis...

Los piojos y la gonorrea

20/1/16

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


A algunos diputados su grupo parlamentario los debería sacar solo con correa y bozal y recoger cada una de sus declaraciones en una bolsa y tirarlas a una papelera, bajo amenaza de multa, porque a este paso nos va a poner la democracia perdida, perplejos ante la consumación de una situación que se negaron a creer que fuera a llegar.


Ler máis...

Propósito de Justicia

30/12/15

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


De poco sirve disponer de un ordenamiento jurídico hiperdesarrollado como el nuestro si no ponemos los medios para que esas leyes se cumplan de manera rápida, que es el único modo de que sean eficaces. Nuestros juzgados, todos, llevan colapsados desde hace demasiado tiempo. No hay jueces, ni funcionarios, ni fiscales suficientes. Muchos juzgados no disponen ni siquiera de algo tan básico para su funcionamiento diario como impresoras, papel, espacio físico o unos simples archivadores.


Ler máis...

Amantes para indecisos

10/12/15

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


TENGO CUATRO o cinco americanas en un armario tan al fondo, que ya ni fondo de armario se puede decir que sean. La que menos, debe de hacer diez años que no me la pongo. Cada vez que necesitamos sitio en casa, mi mujer insiste en que las tire, pero yo tiro de argumento: «Están casi nuevas, y verás como si les doy un poco más de tiempo, enseguida se vuelven a poner de moda esas solapas altas, ese corte ancho, o ese desfile de botones. Créeme, son dinero en el banco». Cada vez, ella me mira con cara de «qué le vería yo a este tío» y trata de aclararme que lo de la moda no va así, que por muy inspiradas en lo anterior que estén, las tendencias siempre incorporan alguna novedad que harán parecer mis americanas exactamente lo que son, unos trapos viejos.

Por supuesto, ella tiene razón. Por supuesto, yo no le hago caso. Es mucho lo que me juego como para ceder solo porque no tenga razón. Buena parte de mi vida se cimenta en esa convicción, en que si espero lo suficiente todo lo demás acabará por venir a mí.

El ministro y el farsante

25/11/15

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


EL PAPELITO DEBE DE andar despistado por el fondo de algún cajón o entre los documentos de alguna carpeta. O no, a lo mejor se perdió definitivamente en algún traslado o acabó en la basura en uno de esos arrebatos de limpieza a los que me arrastra el resto de la familia de vez en cuando, empeñados en reventar mi desorden con sus absurdas normas de convivencia, los muy tiquismiquis. Cualquier cosa, porque era un papel birrioso, del tamaño de medio folio, bastante arrugado, una piltrafa.

Era, sin embargo, la única prueba de que obtuve una licenciatura universitaria. Tenía los sellos oficiales y era lo que daban en la universidad recién acabada la carrera, como resguardo de que habías pagado las tasas y solicitado el título oficial. Veintitrés años después, sigo sin ir a por el título. Mi madre me lo ha pedido un par de veces, por colgarlo en el salón o así, como hacen los médicos o los abogados en sus despachos, pero me niego a recibir como certificado de mi esfuerzo un documento en el que el nombre del Rey aparece en letras más grandes que el mío. Ahora ya de poco vale, entonces los firmaba el Rey usado y a lo mejor ni es válido.


Ler máis...

La gafas de empollón

27/9/15

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


AHMED MOHAMED no hubiera durado tres recreos en el patio de mi colegio. Bueno, a lo mejor él sí, pero sus gafas fijo que no. Porque no es por ánimo de caricaturizar, pero es que todos los empollones llevan gafas. Es más, yo creo que para nosotros eran las gafas las que hacían al empollón, no al revés; en mi patio si destacabas mucho en los estudios pero no llevabas gafas, eras simplemente estudioso. Como en todos, supongo. Yo, por si acaso, no les dije a mis padres que era miope hasta los 18; entré en la óptica como un campeón y salí con cristales que sumaban seis diotrías y media. Claro que, para asegurar, tampoco me afané en destacar con las notas, cualquier precaución es poca.

El caso es que si llevabas gafas y sabías montar un ingenio que funcionase, como Ahmed Mohamed, que se marcó un reloj, mejor no hacerse notar en los recreos. Normal, mi generación es hija de las clases de Pretecnología, que es lo más cerca de la ciencia que hemos estado muchos en toda nuestra vida. Si lograbas cortar un tablerillo en recto sin romper más de siete pelos de sierra estabas aprobado. Yo una vez tuve un notable por construir un pozo con un trozo de cartón y un clip metálico que hacía que se enroscase el cubo. Los de sobresaliente lograban después de un semestre crear un circuito eléctrico con una pila de petaca, un fusible, un interruptor y una bombilla. La matrícula de honor se apartaba para aquellos que además conseguían que la bombilla se encendiese. Hubo cursos que quedó desierta.


Ler máis...

Todas se llaman Jimmy

19/12/14

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


M. Olarte
Si escribo que se llamaba Jimmy, seguro que prácticamente todo el mundo sabe que me refiero al miembro de los Riazor Blues que murió en el Manzanares en una pela con otros ultras. Jimmy, a quien en este par de semanas hemos aprendido a reconocer por su nombre de pila, como a un colega cercano, era el tercer muerto relacionado con la violencia ultra ligada al fútbol desde 1998. Cifras preocupantes.

Si escribo que se llamaban Ana, o Mari Luz, nadie sabe quiénes son. Yo tampoco las recordaba, he tenido que buscar sus nombres en internet. Son dos de la decena de víctimas mortales que la violencia machista ha dejado en España en las dos últimas semanas, dos de ellas niñas. Solo este año, más de cincuenta; más de mil desde 1998. Cifras de genocidio.

En apenas dos semanas, ya tenemos leyes en capilla y nuevas normas contra la violencia ligada al fútbol, sospechosos detenidos, gradas cerradas, grupos ultras disueltos, violentos dados de baja como socios, comisiones de investigación y hasta destituciones. Se ha extremado la vigilancia policial incrementando los recursos económicos y materiales disponibles, y hemos leído un abanico de análisis sociológicos en los que hemos aprendido que no es un fenómeno ligado al fútbol, sino un problema social en el que se mezclan las ideologías extremas y la violencia como forma de expresión y pertenencia al grupo, con el deporte como pretexto.

Y a mí me parece bien, faltaría más, pobre Jimmy, que ha ido a morir como vivió. Todos los recursos pocos. Solo que me llama la atención. Por comparación, digo. Por ser un poco ultra, si los números de muertes generados por este tipo de violencia se aproximasen a los de la violencia contra la mujer, y nuestra reacción fuera la misma, en un par de años más ya no tendríamos de qué preocuparnos: se habrían exterminado entre ellos.

Pero no, aquí hemos estado rápidos. Sin frenos, incluso, porque ya hemos llegado al ridículo de tratar de impone hasta los cánticos y reproches que 50.000 personas pueden entonar en un estadio. Poner puertas al campo, se llama.

También la lucha contra la violencia machista tiene sus hitos del ridículo, solo que bien diferentes, de los de reir por no llorar. Ridículo es que en estos momentos el juzgado que debe proteger a las víctimas en Lugo no tenga ni bolígrafos, o que sus funcionarios anden recortando cartulinas porque no haya ni carpetas para los nuevos procedimientos. Como para pensar en pulseras electrónicas de control. Ridículo es que las unidades policiales especializadas, cuando las hay, tengan orden de limitar sus valoraciones de riesgo alto o extremo, porque implican una mayor atención y disponibilidad de medios. Ridículo es que los equipos sociales de apoyo estén desbordados y tarden meses o incluso años en poder realizar un informe de valoración, o que una mujer que acaba de relatar el infierno en el que vive tenga que volver a su casa con su maltratador porque no hay pisos de acogida para ella y sus hijos.

Ridículo es el que acaban de vivir varios cientos de jueces, fiscales y agentes de la ley especializados, convocados por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género a unas jornadas formativas en Madrid: alojados con fondos públicos en hoteles de cinco estrellas, entre ellos el Miguel Ángel, escucharon como una decena de políticos y altos cargos lloraban la escasez de medios y reclamaban más con fuertes golpes de pecho.

El escenario era un Senado cerrado ese día para ellos y tomado por las decenas de policías, escoltas y chóferes que protegían el desfile de coches oficiales, pero al menos contaron con la posibilidad única de aprender sobre el asunto con las ponencias de auténticos expertos, como Nativel Preciado o Ana Rosa Quintana. Las conclusiones fueron, lógicamente, que faltan recursos para acabar con esta lacra.

No hay que engañarse, el problema, y también la solución, es mucho más profundo. Igual que en el caso de los ultras, no se arregla solo con medidas paliativas, sino que es preciso todo un cambio de mentalidad, que debe iniciarse, como todo, desde el primer nivel, el de la educación. Es un proceso lento que implica remover muchas estructuras, pero mientras se produce no sería mucho pedir que actuásemos como si todas ellas se llamasen Jimmy. Porque con sus cadáveres podríamos secar el Manzanares.


Publicado o 14/12/2014 en http://elprogreso.galiciae.com

Ligazón permanente

La identidad en un sumario

1/10/14

0 comentarios


Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
EL DUEÑO DE una discoteca acude al despacho de un por aquel entonces delegado de la Xunta. Lleva años sufriendo el chantaje y las represalias de una mafia policial más preocupada por si los manteros les pegan el ébola que por hacer cumplir la ley. Peor, una Policía por encima de la ley. Su local se ha convertido en el objetivo principal desde que se negó a comprarle las bebidas a uno de los entonces jefes policiales. Antes había intentado buscar el amparo de las autoridades locales, sin que nadie moviera un dedo.

Se va confiado en las buenas palabras del delegado gubernamental. Pero la presión de la mara uniformada no solo no se relaja, sino que se recrudece. Luego cae en la cuenta: escuchando sus denuncias, como secretaria del delegado, estaba la esposa del máximo jefe policial en ese momento.

No es Palermo, es Lugo. El sumario de la operación Pokemon está plagado de declaraciones como esta, de alcaldes y concejales de cortijo, de funcionarios de bolsillos sin fondo, de empresarios de billetera fácil, de enchufados de postín, de recolectores de migajas, de militantes de oír, ver y callar.

Dejo de leer, por ver si controlo las arcadas, los folios con las declaraciones sonrojantes, con las transcripciones de conversaciones impúdicas, con los vergonzantes e-mails, con la convicción de que en este sistema moribundo no se mueve un céntimo público que no lleve acuñado el nombre de su propietario privado.

Torpe, busco algo de oxígeno en otras noticias del día. Jordi Pujol exhibe su chulería de matón con gemelos de oro ante el Parlamento catalán que él mismo ha criado de sus maternales pechos. «Cuidado, que si cortas la rama también puede caer el árbol», amenaza en una descarada llamada a la omertà que todos los presentes, supuestos representantes del pueblo, entienden enseguida.

Y sigue, seguro de sí mismo, soberbio, desafiante, chusco, arengando a los que sabe sus iguales, abroncándolos desde el paternalismo. «Tener dinero en el extranjero», les explica con la paciencia de un torturador de manos lentas, «puede criticarse, pero no es ilícito», como si se encontrase en esa situación por el simple hecho de tener dinero en el extranjero, no por las sospechas de cómo lo acumuló allí o por las evidencias de que delinquió al no declararlo. Como si la tara ética, la inmundicia moral, no fuera motivo más que suficiente para el reproche público, el aislamiento social o la dimisión inmediata.

No lo sé, pero no me extrañaría que la secretaria que le pasó a limpio las notas fuera la esposa de alguien que relajó la vigilancia sobre él. Porque estas cosas, este tipo de explicaciones, estas ramas frondosas de árboles podridos son el día a día de nuestros parlamentos, de nuestros ayuntamientos, de nuestros gobiernos. De nuestro sistema.

Al día siguiente, ayer mismo, Mas firma el decreto de convocatoria de una consulta y se supone, según grita el resto, que debo tomármelo como el mayor desafío a mi soberanía, la más intolerable de las ofensas a mi condición de ciudadano. «Lo que pretende», escucho, «es robarnos a todos los españoles el derecho a decidir». Y a mí todo me suena a ruido y fuegos de artificio, lo de Mas y lo de los demás, a escopetas trucadas en la feria de la política.

Será que soy un inconsciente sin sentido común ni de lo común, pero que los ciudadanos sean convocados a dar su opinión en una democracia no conmueve ni mucho ni poco mi indignación. Lo que me revienta de verdad es comprobar cómo los representantes de los ciudadanos pervierten el sentido de esos votos con el descaro más insultante.

Cada camión de asfalto contratado y no extendido en una carretera, cada comisión pagada a un funcionario o un político, cada puesto de trabajo ocupado por un enchufado, cada contrata pública ganada por la peor oferta, cada euro robado para mantener banderas y partidos, es una afrenta a nuestra soberanía como ciudadanos mucho más grave que cualquier referéndum.

El día en que por fin dejemos de descubrir nuestra identidad más íntima como sociedad en los folios de un apestoso sumario judicial, seguramente habremos dado un paso definitivo para construir un país del que ninguno nos avergoncemos y en el que todos estemos cómodos. Uno en el que robar sea un delito más grave que votar.

(Publicado en la edición impresa el 28 de septiembre de 2014)


Publicado o 30/09/2014 en http://elprogreso.galiciae.com

Ligazón permanente