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Balance en el primer “aniversario” de la reforma de la LeCrim

18/10/16

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Por Susana Gisbert.


Un año acaba de hacer que ese abstracto llamado “legislador” nos dio en la cabeza con esa piedra –más bien pedrusco- con que llevaba tiempo amenazándonos, la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, una reforma precipitada y farragosa que marcó un antes y un después.

Quizás alguien piense que exagero, pero sólo con echar una ojeada a la hemeroteca y ver la polvareda que produjo en su día en todos los operadores jurídicos, encabezados por el Ministerio Fiscal -particular víctima propiciatoria de las veleidades reformistas-, verán que no exagero un ápice.

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La quimera del “papel cero”

18/2/16

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Por Susana Gisbert.


Llevamos mucho tiempo oyendo, escribiendo y leyendo sobre el famoso Papel Cero y su hija predilecta Lexnet.

Disfunciones, quejas, desbarajustes y problemas varios se suceden un día tras otro sin que nadie sepa muy bien cómo arreglarlo. O sin que quiera.

El caso es que, a primera vista, puede parecer desde fuera que quienes transitamos por el mundo de Juzgados y Tribunales somos unos protestones que no hacemos otra cosa que quejarnos y poner pegas a todo. Incluso hay quien cuestiona que no nos interese la modernización y prefiramos seguir anclados en el pasado de los expedientes atados con cuerda floja y el trasiego en carritos de supermercado que tan familiar nos resulta.

Y nada de eso.

Estoy segura que a los operadores jurídicos, como a cualquier ciudadano de a pie le parece no solo bien sino de perlas que nos modernicemos, digitalicemos y que entremos no solo en el siglo XXI sino en el XXII a ser posible.

Pero las cosas o se hacen bien o no resultan. Y aquí nos hemos encontrado con un tren de alta velocidad que se ve obligado a circular por un las vías de un ferrocarril de mercancías. Y que encima, se ha terminado a correprisa y sin pulir los acabados, y va soltando tuercas y tornillos al menor bache que encuentra. Y así nos va.


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Registro Civil: futuro imperfecto

1/4/15

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Por Susana Gisbert.


Convertir lo público en privado es una opción peligrosa. Pero hacer que algo público se gestione de un modo privado todavía lo es más. Porque, por más que nos digan lo contrario, la sombra de Don Dinero es alargada, y sólo nos faltaba tener que pagar por hacer constar el mero hecho de existir.


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Informe: Reforma LECRIM

15/3/15

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Por Susana Gisbert.


El Anteproyecto de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal no hace sino parchear por enésima vez un sistema que ya no admite remiendos porque hace mucho tiempo han reventado sus costuras.

Con la excusa de la agilización y de la necesaria revisión de la regulación para adaptarla al estado de los medios tecnológicos, aprovecha para introducir una serie de medidas que ponen en serio peligro el estado de Derecho e incluso el principio de separación de poderes.

Se habla de una presunta agilización de la justicia olvidando que la mejor manera de agilizar la instrucción sería dotar a quienes trabajamos en ella de medios personales y materiales suficientes, dignos y proporcionados con la magnitud de los delitos que se persiguen.

Si bien todos apostamos, como no podía ser de otro modo, por una agilización de los procedimientos, ésta no puede lograrse limitando sin más el plazo en que debe terminar la instrucción ni fijando plazos máximos, sino estableciendo los mecanismos y medios materiales y personales para lograr la rapidez y eficacia deseada.

La limitación del plazo de instrucción a seis meses (prorrogables en determinados casos) ignora la realidad de la instrucción y los recursos materiales y personales de los que actualmente se dispone en los juzgados de instrucción.

De otro lado, hablar de caducidad de la acción penal resulta contradictorio con la solicitud que desde diversos ámbitos del mundo de la justicia se hace pidiendo ampliación de los plazos de prescripción. Dicha medida puede ser contraproducente en la lucha contra la corrupción y facilitaría la impunidad de los delitos complejos.

Igualmente, la introducción del término “sujeto pasivo” es ajena a la jurisdicción penal –propia del derecho tributario- y no hace sino introducir un término asistemático con el resto de la regulación y desprovisto de la nota de reproche que es consustancial a la condición de encausado en un procedimiento penal, que no responde a necesidad alguna que no quede suficientemente cubierta con la presunción de inocencia consagrada en nuestro derecho.

Por otro lado, se introduce un procedimiento totalmente nuevo, el de la finalización por Decreto del Fiscal, que también aparece como asistemático y no hace sino complicar ya el ya de por sí complejo esquema de los procesos penales. Además, dicha previsión es de enorme dificultad en la práctica si no va acompañada de una previsión de medios personales y materiales al respecto.

Por último, no parece acertada la posibilidad de dejar exclusivamente en manos de las fuerzas y cuerpos de seguridad la finalización de determinados procedimientos, antes incluso de su nacimiento, sin que con ello se ponga en riesgo el principio de separación de poderes.


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Futbol y violencia de género

4/3/15

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Por Susana Gisbert.


Confieso que no soy aficionada al fútbol pero, pese a lo que muchos creen, no lo odio, aunque sí que detesto miles de las cosas que giran a su alrededor, tanto dentro como fuera de ese tremendo negocio al poco queda de deporte.

Pero, sin duda alguna, una de las cosas más repulsivas que he presenciado, y también leído, a través del reflejo que de ello ofrecieron los medios de comunicación, fueron los cánticos –por llamarlos de alguna manera- que los ultras –me niego a llamarlos aficionados- del Betis dedicaron a uno de sus jugadores. Nada, absolutamente nada en el mundo puede explicar que se ensalce su condición de presunto maltratador y, lo que todavía es peor, que se insulte abiertamente a la que ha sido su víctima, denuncia y medidas judiciales por medio, y que se haga en un lugar público, con muchos menores de edad dentro, insistiendo en que había hecho bien en pegar a la mujer, y haciendo esto además a voz en grito. Y menos todavía puede justificarlo el hecho de que el muchacho en cuestión dé patadas a un balón con más o menos arte.


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Programas informáticos en Fiscalía y Juzgados

30/1/15

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Por Susana Gisbert.


No hace mucho ha llegado a mis manos un impagable documento –más bien, folleto informativo- del momento en que se implantó en Fiscalía la vigente aplicación informática, el Fortuny de nuestras desdichas.

Leyéndolo, he recordado que lo ví en su día, pero hace tanto tiempo, nada menos que 10 años, que no lo recordaba bien. Pero pasada una década, es un buen momento para releerlo. Y repasar si se ha cumplido sus bienintecionadas previsiones.

Entre sus ventajas, anunciaba: aprovechar el registro realizado por el órgano judicial, seguimiento y control de expedientes en Fiscalía, elaboración de dictámenes partiendo de sus plantillas, estadísticas y listados, entorno gráfico, utilidades y funcionamiento intuitivo y fácil de manejar. Objetivos razonables y útiles. Pero habría que ver si se han alcanzado. Vayamos por partes.


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La reforma procesal que se avecina

9/12/14

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Por Susana Gisbert Grifo. Fiscal. Fiscalia Provincial de Valencia.



Susana Gisbert
Cuando la pasada semana empezaron a salir en prensa las noticias relativas a la reforma procesal que se nos avecina, no quise creer lo que estaba leyendo. Eso de la limitación del plazo de instrucción a seis meses me produjo tal impresión que pensé que alguna cosa se me escapaba. Así que, en cuanto se hubo dado a luz a la criaturita en el Consejo de Ministros, corrí a enterarme de qué iba la cosa. Y mis peores temores se confirmaron.

Nada más llegó a mis manos el texto de marras, me dispuse presta a buscar un anexo. Obviamente, semejante limitación temporal a la instrucción debería venir a buen seguro acompañada de un paquete de medidas que dotaran de medios materiales y personales para acometer tal propósito. Pero mi gozo en un pozo. Ni siquiera un boli Bic de regalo para los cincuenta primeros afortunados que tuvieran la suerte de poderse descargar el documento con el ordenador de su respectivo despacho. O sea, una quimera. O algo peor.

Pero fuera de bromas, aunque estas cosas más valga tomárselas con algo de sentido del humor, la cosa es de órdago. No sólo la tan anunciada limitación de seis meses del plazo de instrucción –prorrogable, eso, sí, en determinados y excepcionales casos -, sino una batería de disposiciones de dudosa justificación y todavía más dudoso encaje en un estado de Derecho.

Pero vayamos por partes. De modo sorpresivo y sorprendente, se introduce el término “sujeto pasivo” para aludir a quien hasta el momento y en otros lugares de la legislación ha sido denominado como “imputado”, término asumido legal y jusrisprudencialmente. Una mera operación de maquillaje que parece destinada a rebajar el grado de reproche a que se enfrentan quienes se ven encausados en un procedimiento judicial, como viene ocurriendo en los tan frecuentes casos de corrupción. Una medida que parece destinada únicamente a quitar hierro a determinadas imputaciones o tal vez a difuminar esa línea roja de la que tanto se habla en otros ámbitos ajenos al jurídico. Porque entre los operadores jurídicos, ninguna voz se había alzado demandando tal cambio, desde luego.

Pero no acaban ahí las sorpresas. También se crea un extraño procedimiento, acabado por un Decreto del Fiscal, que, si bien podía ser bienentencionado, resulta un cuerpo extraño en un sistema procesal que, a base de remiendos, hace ya tiempo que reventó sus costuras.

Y se hace, por supuesto, si previo aviso, y sin dotar al Ministerio Fiscal de las más mínimas infraestructuras ni de los medios materiales y procesales para acometerlo. Y es que parecen haber olvidado que su pretendida reforma encaminada a dar la instrucción al fiscal murió de inoperancia antes de haber nacido, y que en el estado actual de las cosas, el fiscal no puede asumir competencias para las que no está preparada la fiscalía.

De otra parte, se refuerzan las facultades de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que pueden, incluso, decidir acerca de un archivo por autor desconocido sin que el atestado haya llegado jamás al juzgado ni lo haya visto juez o fiscal alguno. No pongo en duda que los sobreseimientos por falta de autor son muchos, y muchas veces suponen una labor casi burocrática irritante y que roba tiempo para otras cuestiones de mayor enjundia. Pero la solución no puede pasar porque queden fuera del control de jueces o fiscales, porque admitirlo así entrañaría un peligro evidente, que incluso cuestionaría la existencia de la separación de poderes. Y ello es inasumible. Como inasumibles son también, por las mismas razones, las disposiciones que permiten en algunos casos la interceptación de las comunicaciones fuera del ámbito del control judicial y del procedimiento.

Y es que, si bien es cierto que el cambio en los modos de comunicación desde el momento en que la ley procesal fue redactada, allá por el siglo XIX, pedía a gritos una modificación a este respecto, no era preciso hacerla de esta manera. Porque ni es todo lo exquisita técnicamente que debería ni todo lo escrupulosa con el respeto a los derechos fundamentales que sería deseable. Y mucho menos puede servir de excusa para implantar una serie de medidas que no harán sino burocratizar aún más la instrucción y facilitar la impunidad de muchos delitos de difícil investigación. Precisamente, esos delitos en los que todos estamos pensando.

Huelga decir que todos, jueces, fiscales, y cualquiera que tenga intervención en el proceso penal, apostamos por una agilización de los procedimientos y de la justicia en general. Pero la primera medida para lograrlo consiste en dotar de medios dignos y adecuados a los que trabajan en ello, y no en establecer limitaciones de plazos que sólo pueden beneficiar a determinado tipo de delincuencia, como ocurre con ls causas por corrupción. Y, evidentemente, la breve vacatio legis establecida, de dos meses, no hace sino confirmar que no hay previstos aumentos de plantilla, ni dotación de medios de ningún tipo, que hagan posible la reducción de los tiempos empleados.

Por último, llama la atención que no se haya aprovechado la oportunidad para acometer reformas mucho más demandadas, como la dispensa a declarar o la siempre anunciada supresión o reducción de los juicios de faltas, de la que llevamos oyendo hablar casi desde que el mundo es mundo.

Por todo ello, cabe cuestionarse seriamente cuál sea el verdadero propósito de una ley que, por más que presuma de pretender agilizar la justicia, no tiene visos de lograr ese fin, sino que entraña serios peligros para el buen fin de las investigaciones de temas complejos –léase corrupción, delitos económicos, mafias o cualquier otro- e incluso para los derechos del justiciable.

Eso sí, tal conforme ha sido concebida, la reforma no es buena ni bonita. Pero sí barata. Aunque nos puede acabar costando cara.


Publicado o 09/12/2014 en http://www.lawyerpress.com

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Medios materiales: David y Goliat

8/12/14

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Por Susana Gisbert.


Susana Gisbert
S. Gisbert
Todos los teatros del mundo necesitan de unos medios técnicos para funcionar. Sin bombillas para los focos, mecanismos para abrir o cerrar el telón, elementos de atrezzo para los decorados o altavoces para reproducir el sonido, por poner algún ejemplo, el mejor guión y los mejores actores fracasarían estrepitosamente. Pero esto que es obvio para cualquiera, no parece serlo tanto para los máximos responsables de nuestro espectáculo, y aveces tenemos que ingeniárnoslas con velas en vez de bombillas, o cartones para hacer de atrezzo porque no nos queda otra. Y nosotros no nos podemos permitir el lujo de que nuestra función fracase. Así qe, si toca, hay hasta que abrir y cerrar el telón a mano porque no hay mecanismo que funcione. Y esto es lo que hay.

Muchas veces, cuando pienso en los medios materiales que tenemos a nuestra disposición, se me viene a la cabeza la imagen de David contra Goliat. Un enorme gigante se nos viene encima, y no podemos luchar contra él más que con un sencillo tirachinas. Delincuencia económica, corrupción, delincuencia tecnológica y un aluvión de asuntos de distinto pelaje, y nosotros celebrando el hallazgo de un taco de post-its o de un bolígrafo azul como si hubiéramos encontrado un tesoro. Y lo de rotuladores fosforescentes, ni pensarlo. Luj asiático.

Forges

El otro día una compañera subía a twitter una foto de varios tacos de post-its con muchos signos de admiración y citándonos a varios de sus colegas. Le respondimos como se merecía: dándole la enhorabuena por ser dueña de una verdadera joya. Y no exagero. Las cosas están así. Cada vez se nos escamotea más el material y, aunque siempre hay “chinos” donde autoabastecerse, no siempre es posible. Otra compañera me contaba su titánica lucha por conseguir un simple cuño, y yo tengo atada con un cordel la maquinilla de quitar las grapas porque es un bien escaso y sé que la tentación es mucha.

Y todo esto que podría no pasar de ser una simple anécdota, adquiere tintes dramáticos cuando de informática hablamos. Al margen de nuestra escasa formación al respecto, nuestros equipos no ayudan, por decirlo de un modo suave. Por un lado, los usuarios somos en muchos casos, bastante cibertarugos, aunque ahora que me he enterado que eso se debe en parte a que somos migrantes digitales y no nativos digitales, me siento mucho más tranquilas. Pero lo que nos dan hace que desparezca cualquier vestigio de buena voluntad y la relación con el ordenador se convierta en una verdadera pelea. Sistemas no compatibles, lentitud exasperante, falta de acceso a determinados archivos o incluso a internet son muchos de los problemas con que nos encontramos. La práctica de cruzar los dedos para que el ordenador tarde menos de veinte minutos en encenderse, y para que no haya que reiniciarlo diez veces en una mañana, es una constante en nuestras vidas. Y así, señores, no hay función que triunfe, aunque el mismísimo Laurence Olivier viniera en persona a interpretarla.

Por supuesto que, además de con buena voluntad, suplimos esto con nuestros propios medios, llevándonos tablets o portátiles y utilizando sistemas diferentes del que nos proporcionan, pero para muchas cosas hay que acabar muriendo en el ordenador del despacho, y dicho sea eso de “muriendo” en un sentido no figurado. Y eso, por no hablar de las caras que nos ponen en determinados ámbitos si ven el sofisticado móvil de la guardia –un auténtico zapatófono sin acceso a Internet ni posibilidad de tenerlo- o cuando explicamos que haya cosas que sólo pueden enviarse por un fax comunitario para el que hay que hacer cola. O cuando nos ven agitar el tóner de la impresora para conseguir que dure unas cuantas impresiones más. Y los ejemplos serían miles. Hasta el infinito y más allá. Y todo ello por no hablar de las condiciones de algunas sedes, que eso da para otro post.

Por eso, hoy sólo pediré el aplauso para todos los que salen al escenario pese a que ni focos, ni altavoces funcionan. Y que sacan adelante la función supliéndolo como pueden, como David contra Goliat. Pero cuidado, puede que un día hasta se agoten las piedras que lanzar o se rompa el tirachinas. Así que a ver si alguien toma nota antes de que ese día llegue.


Publicado o 05/12/2014 en http://conmitogaymistacones.com

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