El ministro Bakalá

3/3/17

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Por Antón Losada.


Antón Losada
Rafael Catalá es el ministro Bakalá, siempre acelerado y pasado de vueltas. A su lado Ruiz-Gallardón empieza a parecer un tipo discreto y solvente.


Quién nos lo iba a decir, que acabaríamos echando de menos a Ruiz-Gallardón como Ministro de Justicia. El gris y discreto burócrata que le sustituyó, Rafael Catalá, se ha revelado como un aspirante a estrella de la política, con un hambre insaciable de titulares y micrófono, una atracción incontenible por las luces y los brillos de las cámaras y una oscura voluntad de retorcer el Estado de derecho hasta volverlo completamente del revés; es el ministro Bakalá, siempre acelerado y pasado de vueltas. A su lado Gallardón empieza a parecer un tipo discreto y solvente, consciente de qué puede y no puede hacer o decir un ministro de Justicia del Reino de España.

El ministro Bakalá no dirige un ministerio. Más bien parece que presidiera un bufete de abogados con un único cliente, el Partido Popular, y que además cobrase por objetivos. Sea para terciar en alguna polémica política amenazando con judicializarla, sea para proteger a algún imputado acosando al juez de instrucción, sea para dar cobertura a algún caso de corrupción diseminando la sospecha sobre los investigadores mientras expresa su afecto hacia el presunto corrupto; el ministro Bakalá siempre tiene una declaración a punto para intentar poner a todo el mundo en posición de saludo.

La pregunta no es cuándo el ministro hace o dice algo que no debiera, sino cuándo no lo hace. Un día pronuncia una amenaza velada o, en el caso de Catalunya, muy explícita contra el discrepante o quien ose llevar la contraria al infalible criterio del Papa Rajoy. Otro día le toca señalar o poner en duda el trabajo de algún fiscal o algún juez que ande metiendo las narices donde no debería. Al siguiente se aplica a dar órdenes a la Fiscalía para que persiga a quien debe y deje en paz a los compañeros de partido, con quienes se encuentra casualmente después de haberles llamado por teléfono y citarse con ellos para verse y hablar de lo suyo. Los malpensados que sospechan que se reunió con el presidente de Murcia para explicarle cómo se iban a arreglar sus imputaciones en la Fiscalía se equivocan de plano y atentan gravemente contra la presunción de inocencia. Quedaron para que el ministro moviera los hilos y se volviera a poner en TVE aquel mítico especial que anunciaba la llegada de la primavera: "Murcia, qué hermosa eres".

Las palabras, incluso las imprudencias y excesos del ministro Bakalá, se las lleva el viento, aunque se suban a YouTube. El problema que nos queda son sus decisiones. Tras aprobar una reforma legal que impone un cronómetro a la Justicia para que los casos de corrupción caduquen lo antes posible, como los yogures, todas las noticias nos avisan que se dispone a ejecutar una purga en la Fiscalía para poner al mando sólo a los fiscales de estricta observancia y disposición natural a obedecer órdenes. No se trata de una metáfora ni una imagen. Es una purga estalinista de verdad, de esas que se hacen cuando se busca eliminar a todos los críticos y, de paso, a todos los testigos.

Sumen la inminente purga en la Fiscalía a la policía política que sabemos que hay en el Ministerio del Interior, porque nos cuentan que están desarticulando la que había montado el ministro anterior, y seguro que no necesitan un dibujo para saber a qué cloaca nos lleva.


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Hazte escuchar

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Por Jesús Maraña.


Jesús Maraña
Para ser sincero, creo que la organización integrista y ultraconservadora Hazte Oír ha conseguido sobradamente el objetivo que pretendía al poner en circulación un spot-trampa del tamaño de un autobús. Ha logrado que se haga oír un ideario basado en un montón de falsedades, prejuicios y sentencias predemocráticas que suponen un atentado contra derechos básicos como la igualdad o la libertad sexual. Una vez concedido ese vomitivo éxito, ahora procede responder al ruido generado con datos y argumentos que permitan “escuchar” en lugar de “oír” y acabar de una vez con la irresistible “broma” desubvencionar con fondos públicos a organizaciones inquisitoriales con intereses exclusivamente privados.

No está en discusión el derecho a la libertad de expresión. Cada cual es libre de pensar y expresar (por ejemplo) que la identidad de género tiene una relación directa con los genitales, del mismo modo que alguien puede negar la evidencia del cambio climático o que la Tierra gira alrededor del sol. De hecho quienes defienden que un ser humano con testículos no puede ser mujer son los mismos que creen a pies juntillas que María engendró a Jesús sin dejar de ser virgen. Con su pan se lo coman. Pero páguense el pan. No es admisible calificar de “utilidad pública” una asociación dedicada al proselitismo de una ideología medievalista y contraria a los valores constitucionales. Sus donantes no deben tener derecho a desgravar un solo euro por apoyar acciones agresivas contra los fundamentos de la convivencia democrática.

No tiene sentido en nuestro sistema democrático castigar penalmente mensaje alguno, por disparatado u ofensivo que sea, salvo aquellos que inciten de manera clara y efectiva a cometer delitos concretos o vulneraciones de derechos. Como apuntaba laprofesora Ana Valero en estas mismas páginas, “sólo cuando la palabra suponga un peligro claro e inminente para las personas podremos decir que estamos en presencia del discurso del odio”. No pedimos “desmantelar la cúpula de Hazte Oír”, como a sus promotores (y a su amigo el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz) les gustaría claramente hacer con cualquier asociación de defensa de los derechos de lesbianas, homosexuales y transexuales. Combatiremos su discurso discriminatorio y ofensivo para la dignidad humana con el valor de la palabra y con la racionalidad. Lo que sí exigimos es que sus dislates dejen de ser sostenidos o facilitados por el erario público.

No cuela en este asunto la pretensión gubernamental de ponerse de perfil. Algunos portavoces del Ejecutivo y del PP se han distanciado incluso de Hazte Oír y su autobús, pero basta revisar la hemeroteca y el BOE para comprobar que llevan muchos años yendo de la mano en todas las campañas políticas y acciones judiciales promovidas contra los derechos básicos de igualdad de género o de libertad sexual. Si ahora, cuando han perdido la mayoría absoluta, han visto la luz del respeto al derecho al aborto, al matrimonio homosexual o a la libertad para cambiar de sexo, pueden demostrarlo fácilmente retirando a Hazte Oír esa “utilidad pública” de la que sacan un provecho crematístico a costa de la caja de todos.

El propio Ministerio de Educación debería poner al descubierto las falacias en las que basa su discurso esta organización ultraconservadora. Porque no es cierto que haya gobiernos autonómicos que promueven nada menos que la “conversión de individuos en homosexuales”, como también es falso que algunos libros citados por Hazte Oír sean de uso “obligatorio” en los colegios. Estiran la llamada posverdad (o prementira) para disimular lo que en realidad no aceptan: la obligación constitucional de enseñar en las escuelas, sean públicas o privadas, el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación, el pluralismo y, por tanto, el conocimiento de las distintas opciones de orientación e identidad sexual. Todo particular o colectivo que no acepta esos principios democráticos y constitucionales tiene derecho a discrepar, pero en ningún caso a negar la educación de sus hijos ni mucho menos ahacer proselitismo de la discriminación a costa del erario público.

Por último, resulta patético que la ruidosa provocación de Hazte Oír permita difuminar las gravísimas agresiones al funcionamiento democrático que se vienen produciendo en las últimas semanas. Si una amplísima mayoría escuchara más y oyera menos, hoy no podrían seguir en sus cargos ni el presidente de Murcia ni el fiscal general del Estado ni el ministro de Justicia. Sobran los motivos para denunciar que han quebrado un mimbre tan básico en democracia como la separación de poderes.


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¿Sueñan los periodistas deportivos con presidentes eléctricos?

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Por Xosé Manuel Pereiro.


Xosé Manuel Pereiro
Los avances tecnológicos determinan nuevas narratividades. El desarrollo de la radio a comienzos del siglo XX generó la retransmisión en directo. La combinación de los avances en la fiabilidad de los pronósticos meteorológicos y en la portabilidad de señales de televisión produjo a comienzos del XXI el advenimiento de un nuevo género informativo: el climatológico. En este caso, los montes parieron un ratón. Así, lo que al menos en toda la parte no mediterránea de la península toda la vida se conoció como “invierno” pasó a ser un fenómeno mediático bajo el nombre de “temporal”.

Este mes de febrero comenzó en la zona atlántica con un temporal en tres actos, o con una sesión conjunta de tres temporales. Fuese uno o trino, en Galicia dejó sin luz a 200.000 usuarios (es decir, viviendas, no personas) y no en esos sitios remotos donde la gente se ha empeñado en ir a vivir sin más razones aparentes que multiplicar exponencialmente el nomenclátor y encarecer la prestación de servicios públicos. Quedaron sin electricidad aldeas, pero también ciudades dormitorio, urbanizaciones residenciales y barrios de capitales de provincia. No es que fuese el apagón de Nueva York de 1977, pero también fue causa de más problemas que el de estar a oscuras. Los vientos llegaron a los 180 kilómetros por hora (la escala Beaufort solo llega a los 118 kilómetros, fuerza 12, a partir de ahí ya hablamos de huracanes). Además de violentos y huracanados, los vientos tuvieron la mala idea de llevarse parte de las respectivas cubiertas de los estadios de fútbol de Ferrol, A Coruña y Vigo. Los tres son municipales, y los correspondientes ayuntamientos decidieron cerrarlos por razones de seguridad. En aquella primera jornada de febrero daba la casualidad de que los respectivos equipos –Racing, Deportivo y Celta-- jugaban en casa, con lo que los también respectivos rivales –Palencia, Betis y Real Madrid-- se vieron en la tesitura de desandar lo andado. Pero el Real Madrid no es un respectivo cualquiera.

Mientras palentinos y béticos se volvían para casa resignados o no, pero sin armar escándalo, el rival del club vigués se mostraba dispuesto a arrostrar, como el Pony Express, el viento, la lluvia y las tormentas con tal de llevar a cabo su objetivo. Para algunos, una muestra de sano espíritu competitivo. O para otros, por qué desaprovechar la oportunidad de asegurarse la cabeza de la clasificación en la liga más desigual de Europa jugando contra un equipo de suplentes, que encima es el que te ha apeado de la Copa. Afortunadamente, para mediar entre tanto hooliganismo, ofrecer una información plural y hacer análisis desapasionados está el periodismo. Desgraciadamente, lo que hay o hace ruido es otra cosa: discusiones de bar de carretera reproducidas a voz en cuello en un plató, manolos del bombo que han sustituido el tambor por el micrófono.

Sin entrar ya en las opiniones de las redes sociales, esas que para algunos han venido a sustituir eficazmente a las paredes de los servicios públicos, el Celta, el estadio, las infraestructuras deportivas gallegas en general y sobre todo el alcalde de Vigo, Abel Caballero, fueron blanco (nunca mejor dicho) de todo tipo de invectivas por informadores que no sabían poner Vigo en el mapa, pero se revelaban como expertos en techumbres y forjados. Ellos, y el propio club madridista en un comunicado, llegaron a proponer una brillante solución: arreglar la cubierta, una medida que inexplicablemente no se les había ocurrido a ninguno de los ayuntamientos, ni a los equipos locales ni a los visitantes resignados. A todo esto, Caballero, que ha destapado al llegar al cargo una personalidad peculiar, que no dejó entrever ni como ministro de Felipe González ni como candidato a la Xunta, está manifiestamente encantado de su papel como María Pita resistiendo el asalto del Francis Drake del Bernabéu. Incluso los deportivistas más acérrimos se indignaron y se solidarizaron con el enemigo meridional.

Mientras tanto, el mundo inexplicablemente seguía girando, incluso en la zona cero del conflicto, solo que allí, en buena parte, a oscuras. En una comunidad exportadora de energía eléctrica, decenas de miles de familias pasaron el fin de semana sin corriente. Algunos de esos miles, hasta cinco días. Una anciana murió al resbalar en la escalera sin luz de su casa. Un hombre falleció aplastado por el árbol que intentaba retirar. Otro sufrió heridas al apartar un cable caído, y varios niños resultaron intoxicados leves por gases de un generador. Porque esos días se vendieron centenares de generadores, y no solo para poder celebrar fiestas infantiles. La carne de la matanza que tiene que durar todo el año y otros alimentos se guardan en las viviendas rurales en enormes arcones congeladores.

El antifranquismo tardío en Galicia se forjó en gran medida en luchas contra las eléctricas que inundaban valles, o que intentaron en vano construir una central nuclear en la costa de Lugo. Sobre todo Fenosa, la compañía de origen coruñés, que encima en los ochenta emigró, pero dejó los embalses y conservó el casi monopolio del suministro (y por lo tanto de las averías). Este mes de marzo hará doce años, Amancio Ortega (Inditex), Jacinto Rey (Constructora San José) y la hoy extinta Caixanova se aliaban para “repatriar” a Galicia Unión Fenosa. El accionista mayoritario, el Banco Santander, ponía a la venta su paquete del 22% de las acciones de la eléctrica y la troika de empresarios gallegos llegó a un acuerdo con el vicepresidente y director general, Matías Rodríguez Inciarte, para comprar a 30 euros por acción. Solo faltaba firmar, pero en esto apareció en el último momento una oferta de 32 euros, como el verdadero enamorado en la escena de la boda de las comedias románticas. Emilio Botín aceptó de inmediato. El candidato por sorpresa tenía una deuda de 1.200 millones de euros, pero no hubo problema: el dinero para la compra lo proporcionó el propio vendedor, el Banco Santander.

El resuelto pretendiente era Florentino Pérez/ACS. Formalizado el matrimonio, declaró que entraba en la eléctrica “con voluntad de permanencia”. Sin embargo en julio de 2008, cuando apenas se habían cumplido tres años, las bodas de cuero en la tradición anglosajona, vendió a Gas Natural por 7.600 millones su paquete accionarial, que un par de meses antes no alcanzaba los 5.000 millones de valor en Bolsa. Como diría Von Clausewitz si tuviese un palco en el Bernabéu: “Los negocios son la continuación del fútbol por otros medios”.


Publicado en www.ctxt.es

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Catalá y las mujeres difíciles de hallar

20/2/17

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Por Elisa Beni.


Elisa Beni
Equilibremos la Justicia. Feminicemos sus estructuras. Hagámosla acorde con la sociedad a la que sirve, levemente más femenina que masculina en número. A lo mejor así rompemos el círculo vicioso del poder, tal y como lo entienden los hombres, y conseguimos que los ciudadanos vuelvan a confiar en el sistema.

De todos los problemas, escándalos y meteduras de pata que rodean al actual ministro de Justicia, hay uno que me ha revuelto las tripas y me ha mellado las carnes, aún un poco más que los otros. Unos son desvergüenzas del sistema, como el manejo de la Fiscalía o los mercadeos con los correligionarios -que hay que acometer con seriedad si no nos resignamos al deterioro democrático que vivimos- ,y otro es la misoginia desplegada por el Notario Mayor del Reino cuando dijo el otro día en una radio que no puede haber más mujeres en el Tribunal Constitucional porque se necesitan "perfiles senior difíciles de encontrar entre las mujeres".

Catalá no defrauda. Ni techo de cristal ni mandangas. El tío se despacha con que no hay mujeres con nivel jurídico para llegar al Tribunal Constitucional y se queda tan ancho. Me doy por aludida, como debiera pasarnos a todas, porque no se trata de las expectativas profesionales de las señoras que han elegido profesiones jurídicas, sino de la constatación de que van a ser hombres los que sigan interpretando la norma marco de nuestra convivencia democrática. Es un escándalo. Los Padres de la Constitución fueron siete machos como siete castillos. Los que ahora la interpretan son 9 hombres y dos mujeres y con la renovación que se está a punto de producir, y que han muñido entre PP y PSOE, serán 10 hombres y 2 mujeres. Machos para dotarnos de una ley de leyes y machos para interpretarla. Plas, plas, plas. Y luego quieren que no saltemos.

Por definición, la Constitución es la gran norma que define lo que una sociedad ha decidido ser y, por tanto, su interpretación debe correr a cargo de juristas que representen el pluralismo social. Es por ello que la composición del órgano encargado de hacerlo se determinó para que las ideologías, la procedencia profesional y la territorialidad estuvieran presentes y compensadas. Lo del sesgo de género a nadie le preocupó. Las mujeres no somos un componente social a considerar. ¿Para qué? Que sigan tratando temas como el aborto, o si en su día tocan los vientres de alquiler, sólo señores. Esos y todos los que importan en nuestra vida cotidiana.

La excusa del ministro es tan escandalosa que inflama. ¿Perfiles senior? Pretende insinuar que todavía no hay en España juristas buenas y con la experiencia adecuada y que todo esto se irá “reequilibrando poco a poco”. Tomás y Valiente llegó al TC con 48 años, López Guerra con 39 años y Gimeno Sendra con 40. ¿Quiere decirnos Catalá que desde esa edad hasta la de jubilación no hay juristas mujeres con méritos y perfil suficiente para llegar a ese órgano? Perdóneme el ministro y todos los togados patriarcales: ¡para llenar diez Constitucionales hay mujeres!

Lo que sucede es que las estructuras de poder y el sesgo de género establecido durante siglos funciona con una regularidad de reloj suizo en el mundo jurídico. Y si alguna vez les sucede, como en el Caso Nóos, que encuentren un órgano constituido sólo por mujeres, tengan claro que se trata de un órgano que se designa exclusivamente por el número en el escalafón, porque en cuanto entren en las designaciones de cargos discrecionales verán señores y señores y más señores. Y alguna señora, para disimular, de vez en cuando.

La Justicia está corrompida en sus cúspides por la voluntad del poder político de controlarla y por la connivencia de los jueces, fiscales y juristas que están dispuestos a entrar en ese juego a cambio de un cargo que ansían. Lo que tenemos claro es que este círculo vicioso funciona de maravilla con un componente masculino mayoritario. Equilibremos la Justicia. Feminicemos sus estructuras. Hagámosla acorde con la sociedad a la que sirve, levemente más femenina que masculina en número. A lo mejor así rompemos el círculo vicioso del poder, tal y como lo entienden los hombres, y conseguimos que los ciudadanos vuelvan a confiar en el sistema.

Nunca hemos probado y ya va siendo hora.


Publicado o 18/02/2017 en eldiario.es

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De morte matada

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Por Alfonso Eiré.


Alfonso Eiré
ESCRIBINO tres anos antes da súa suposta entrada en crise. (Aí está a hemeroteca para consultalo). A cúpula da banca española reunida a semana anterior con Rodríguez Zapatero na Moncloa, esixiralle que as caixas tiñan que deixarlles o campo libre por “competencia desleal”.

A partires dese día púxose en marcha a maquinaria. PSOE e PP chegaron a un grande pacto, no que participarían logo as burguesías vasca e catalá (CiU e PNV): quedarían unicamente dúas grandes caixas, Caixa Madrid e a Caixa, que irían absorbendo ás entidades onde non tiñan presenza, agás as caixas vascas, e as demais poñeríanas en mans dos grandes bancos para “reordenar o sistema financeiro español”. O reparto de cargos e áreas de influencia sería paritario para PP e PSOE. UGT e Comisións entraron no reparto.

Para impedir esa posición dominante das dúas caixas, estas, na práctica, convertíanse en bancos.

Comezáronse a ditar leis a tal efecto e disposicións do Banco de España para que se cumprise o mandado.

Cando o presidente de Caixa Nova tivo coñecemento desta operación do PSOE e PP, chamou ao presidente Pérez Touriño, pedíndolle que fixese valer en Madrid a posición de Galiza e que tamén puidese conservar a súas caixas.

Non sei cal foi a contestación de Touriño nin as súas xestións, se é que as fixo. Só sei que os adxectivos que saíron pola boca dun sempre educado e temperado Gaioso contra o presidente da Xunta nunca pensei que os puidese pronunciar.

Ante a rebeldía das caixas autonómicas, comezaron a saír á luz os seus verdadeiros balances para vencer a súa resistencia. Mentres Zapatero presumía da “grande fortaleza da banca española”, esta estaba aínda peor que as caixas, como o demostran logo as cifras do rescate bancario.

Pero o Banco de España comeza a actuar só contra as caixas. E, para sanealas, puxeron en marcha dúas operacións para que fosen os cidadáns os que cargasen coa desfeita: as accións preferentes e a saída a bolsa. Si, non era que non coñecesen o seu balanzo, senón que, por iso mesmo, tomaron as decisións que tomaron.

O que non quixo facer Pérez Touriño en Galiza intentouno Núñez Feixó, traballando pola fusión das caixas. Como se ve agora polo seu balance (pagado en tres anos) haberá que investigar porque non sobreviviu a caixa galega, pois, mentres semella que o que ocorreu é cousa de malos banqueiros e malos funcionarios, o verdadeiro problema estivo no pacto entre as cúpulas do Partido Popular e PSOE. De Guindos, no 2012, xa dixo que todo fora “cuestión de Estado”.
As caixas morreron de morte matada. E está claro quen as matou. Digamos a verdade verdadeira e deixémonos de lilas lilainas.


Publicado o 18/02/2017 en El Correo Gallego

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Arsenio por compasión

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Por Miguel Olarte.


Miguel Olarte
Fernández de Mesa es el reflejo de los últimos 40 años de España: de auxiliar de jardinero a consejero de Red Eléctrica.

EN UN país ingrato y desagradecido como este, que desconoce su historia y cuya memoria no alcanza más allá del último debate en el Sálvame Deluxe, hay hombres tan grandes que no pueden aspirar sino a la gloria de los siglos, a la satisfacción íntima del deber cumplido frente al vocerío inane de la chusma ignorante. Es el caso de Arsenio Fernández de Mesa, a quien primero el tiempo y luego la historia concederán los galones que ahora se le regatean, alzando su figura hasta los pedestales que la nación reserva para los miembros de esa estirpe heredera de la tradición caudillista que supieron entregar sus vidas para la grandeza de la patria.

O no, que también puede ser, porque con Arsenio nunca se puede estar muy seguro de nada.

"Lo más importante es poner a salvo las costas españolas", dijo justo antes de enfilar el Prestige hacia el punto geográfico preciso para que el chapapote pudiera llegar a todas las playas, del Atlántico al Cantábrico. "El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín", confirmó unos días antes de tener que acompañar a Mariano Rajoy, ambos en traje y zapatito castellano, a dar saltitos por la playa entre charcos negros como el alma de un gobierno. "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe", sentenció luego, con precisión gallega.

El recurso al desconcierto como estrategia de gestión lo trasladó luego a la dirección general de la Guardia Civil, otro de esos puestos que se vio obligado a asumir en atención al bien general, sin mayor preparación ni parapeto que su limpieza de criterio: "No se han usado pelotas de goma contra los inmigrantes, sería inhumano", se santiguó ante la aparición de 15 cadáveres en las playas de Ceuta, los de otras tantas personas que trataban de ganar España a nado; 16 guardias civiles siguen imputados tras la aparición poco después de imágenes en las que se les veía disparando pelotas de goma contra los inmigrantes que trataban de mantenerse a flote.

Habrá envidiosos que vean en todo esto una inutilidad incapacitante, pero, muy al contrario, no es sino la prueba de un carácter asentado en convicciones y costumbres forjadas desde su juventud en El Ferrol del Caudillo. Mantiene inconmovibles desde entonces su lealtad perruna de cachorro del tardofranquismo y mascota del prontofraguismo, la gomina que esculpe su peinado de jefe local del Movimiento y una vocación de servicio público ajena a cualquier acomodo.

Porque Arsenio, y eso parece que nadie se atreve a decirlo, no tenía ninguna necesidad de meterse en estos berenjenales. Él podría haber sido muy feliz y una persona completa en su plaza de auxiliar de jardinería del Puerto de Ferrol. O como pintor de barcos en la industria naval ferrolana. Quién sabe si incluso a estas alturas no podría estar disfrutando de una cómoda jubilación anticipada, tal vez concedida por un leve problema respiratorio por la larga exposición a pinturas industriales.

Pero no lo hizo, renunció a todo eso por amor a su país y, lo que es todavía más importante, a su partido, que supo ver en él todas la capacidades que luego ha ido demostrando en todos los puestos que ha ocupado durante los últimos 40 años, de concejal a diputado, pasando por la delegación del Gobierno en Galicia o por la dirección de la Guardia Civil.

En todas sus encomiendas ha demostrado, además de las aludidas capacidades de gestión, una voluntad de aprendizaje y superación sin matices. Su breve contacto con las pinturas de barco se refleja en su currículum como "Inspector Técnico de la multinacional inglesa International Marine Coatings Ltd en su departamento Marítimo en Galicia, Asturias y Cantabria". Unos cursillos especiales para diputados y senadores que se impartieron en un par de días en el Congreso lo convirtieron en "diplomado en Altos Estudios Militares y Altos Estudios de la Defensa". Y de su paso por la Guardia Civil ha salido retratado como un general del siglo XIX, con banda de la Gran Cruz Naval con los colores de la bandera española, guantes, bastón de mando y 14 medallas en el pecho.

Quién mejor, por tanto, para ocupar ahora un puesto en el consejo de administración de Red Eléctrica, la empresa semipública que controla las infraestructuras de transporte de la electricidad en España. En un par de añitos que le dejen, en su currículum figurará como "coinventor de la bombilla".

Arsenio es la metáfora perfecta de los últimos cuarenta años de este país, su biografía lo encierra todo: el blanqueamiento ideológico, la mediocridad que crece al calor de unas siglas, la política de amiguetes, el presupuesto público al servicio de los partidos políticos... No solo se ha ganado su puesto en Red Eléctrica, sino también el derecho a que su cara se imprima en cada uno de los 150.000 euros que se va a llevar al año. Y cuando lo deje, debería ser embalsamado y su momia exhibida por todas las aulas de Historia de este ingrato país, antes de descansar definitivamente en la catedral de Santiago. Arsenio y cierra España.


Publicado o 05/02/2017 en El Progreso

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'Vento ferido' (1967): a revelación dun narrador

14/2/17

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Por Henrique Monteagudo.


Henrique Montagudo
Iste libro de Carlos Casares, Vento ferido, rematouse de imprentar nos Talleres gráficos de Faro de Vigo, o día 10 de febreiro de 1967". Así reza o colofón do primeiro libro publicado por Carlos Casares, daquela estudante universitario en Compostela, na colección "Illa nova" da Editorial Galaxia. Unha colección que fora inaugurada dez anos atrás coa peza teatral Vieiro choído, de Xosé Luís Franco Grande, e o poemario Do sulco, de Xohana Torres, e que incluía no seu catálogo autores tan representativos da renovación da literatura galega naquel tempo como Méndez Ferrín (Percival e outras historiasO crespúsculo e as formigas e Arrabaldo do norte), Bernardino Graña (Vinte mil pesos crime) ou María Xosé Queizán (A orella no buraco), entre outros. A publicación de Vento ferido, fai exactamente cincuenta anos, foi todo un acontecemento en Compostela, cidade axitada naqueles meses por unha vagada de conflitividade estudantil que evidenciaba o pulo do movemento universitario antifranquista. Un movemento dentro do cal salientaba Carlos Casares, activista da Asociación Democrática de Estudantes, que por causa da súa implicación era detido por presentar unha conferencia de José L. López Araguren no Burgo das Nacións (19 de xaneiro) –detención que provocou unha concentración estudantil ás portas da comisaría de policía– e que, quince días antes de que a súa obra prima viñese a lume (28 de xaneiro), aparecía citado nos informes policiais por encabezar accións de protesta na rúa, tal como recolle o historiador Ricardo Gurriarán na súa obra Inmunda escoria. Poucos meses despois, un 9 de maio, realizaríase no estadio da Residencia o recital do cantante Raimon, todo un fito na historia da oposición universitaria contra o franquismo, no que Carlos Casares xogou tamén un papel protagonista, xa que se encargou da tradución ao galego, xunto ao poeta Salvador García-Bodaño, das letras do cantautor valenciano, que foron editadas nun fermoso folleto que coñeceu unha ampla difusión, tal como contaremos noutra ocasión nunha Tribuna.

O eco acadado por Vento ferido explícase mellor naquel ambiente revoltado da Universidade compostelá, que viviu o seu propio "maio 68" cun ano de antecedencia a París e o resto do mundo, e no que a promoción daquel libriño aparecía case como un elemento emblemático da explosiva mobilización do estudantado. Relembra a profesora Camiño Noia, compañeira de curso do novel escritor: "Daqueles anos de ilusións e de esperanza conservo moitas vivencias en común con Carlos: a chegada a Santiago do primeiro paquete de libros de Vento ferido, o escaparate da libraría Porto dedicado ao libro, a presentación na Facultade...". Xavier Carro, un dos seus mellores amigos daqueles anos en Compostela, que foi testemuña da xénese do libro, lembra "como Carlos fuxía das sombras e frientas pensións e buscaba refuxio e agarimo para aquelas tardes interminables na miña casa. Alí, entre libros e conversas, viamos dende a miña habitación como as horas grises esvaraban aéreas e tristeiras polos tellados da Rúa Nova". Carro, que foi o primeiro comentarista da obra no mítico xornal La Noche, albiscou "a importancia que ían ter aquelas narracións para a nosa literatura", subliñando "a estrutura case poemática da narración, a sinxeleza e limpidez da prosa e a lírica interiorización da realidade. Perfilábase un escritor dotado duns extraordinarios dotes creativos, que sabía construír o relato de xeito moi equilibrado". En efecto, xa nesta obra, Casares se revela como un escritor cunha potente personalidade propia, fondamente orixinal e mesmo atípico. Vento ferido foi, abofé, unha revelación, e así mesmo o viron os seus coetáneos.

Aínda que a obra fora autorizada pola censura previa, unha denuncia presentada por un militar residente en Pontevedra motivou o seu secuestro por orde gobernativa, o que obrigaba a retirala das librarías. Así e todo, o libro vendíase nas trastendas con tanto éxito que foi obxecto dunha segunda edición, clandestina, para non ter que volver someterse ás forcas caudinas da censura. A arriscada decisión de imprimir a edición clandestina foi de Paco del Riego. Aínda que a súa obra primeiriña comparte as arelas renovadoras da chamada "nova narrativa" galega, que se viña dando a coñecer precisamente a través da colección "Illa Nova", apártase daquela, entre outros, en dous aspectos que caracterizarán moi marcadamente a escrita do noso autor: a recreación de mundos recoñecibles, próximos e concretos (e non fantásticos ou simbólicos), e a vontade de saír dun círculo reducido de lectores militantes para achegarse a un público amplo. Vento ferido continúa a ser unha das obras preferidas para moitos lectores e lectoras da obra de Casares, ata o punto de que coñeceu once edicións nos trinta anos seguintes á súa publicación, o cal é todo un índice da súa popularidade, que sorprende aínda máis se se ten en conta que se trata dunha opera prima. A coincidencia dos cincuenta anos da publicación deste fito na obra de Casares e na narrativa galega do século XX co ano das Letras Galegas dedicado ao seu autor constitúe, por tanto, unha feliz casualidade, merecente, ao menos, dunha lembranza.


Publicado en www.academia.gal

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